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2050, ¿una dictadura feliz?

Por Alex Solar

 

Así como en el siglo pasado la cifra 2000, comienzo de una nueva era, se convirtió en un fetiche o un presagio amenazante, ahora ha tomado su lugar el 2050. En Madrid , bajo los auspicios de un importante medio de comunicación, se prepara un simposio que analizará esa fecha futura , para la que en teoría deberemos estar preparados.

 

Se cree que para entonces no habrá automóviles de propiedad privada, lo que hará desaparecer puestos de empleo relacionados con este importante sector de la economía global. Los coches de gasóleo o gasolina serán únicamente piezas de museo y oficios actuales como los taxistas , mecánicos, etc., también cosa del pasado. Solo habrá que ponerse en la puerta de casa y esperar el vehículo robotizado, seguramente volador, para llegar a nuestro destino.

 

No habrá gente “defectuosa”, excepto tal vez los nacidos antes de que funcionen las terapias genéticas que permitirán el nacimiento de una nueva “raza” de seres humanos “editados” con el CRISPR , una selección biológica de especímenes humanos sanísimos y con cualidades físicas óptimas. Para entonces el mundo estará bastante superpoblado, unos 10.000 millones de habitantes, lo que hará necesario que también la producción agrícola, clave en la alimentación, esté asegurada por procedimientos genéticos similares a los empleados con los humanos para protegerla del clima, cada vez más propenso a sequías, inundaciones y otras catástrofes naturales. La revolución genética llegará también a los animales relacionados con la actividad.

 

Falta saber cómo se podría solucionar la brecha de la desigualdad entre los países más avanzados y los más pobres, una enorme grieta que aumenta a pasos agigantados, si creemos al último informe de la OCDE.

 

Ocurre que los seres humanos y nuestros gobiernos somos muy reticentes al progreso y hay un científico que afirma que la innovación aumenta también la desigualdad entre los mundos en que se divide básicamente el planeta. En los últimos seis siglos se ha luchado contra todos los avances, evitando la llegada de productos nuevos, como el café, los transgénicos o los frigoríficos, etc.

 

Uno de los principales problemas seguirá siendo el empleo en este “mundo feliz” del 2050. Los trabajadores menos cualificados y los del estamento medio (administrativos) perderán nivel de vida, o sea ingresos, en relación con otros del sector tecnológico tales como los expertos, “doctorados” en inteligencia artificial, algo que ya está pasando.

 

Por esto,  muchos se plantean ya que no habrá más remedio que implementar una renta básica universal, para que la gente al margen de la actividad laboral sobreviva. A menos que los envíen a colonizar Marte, que en 2050 será una colonia terrestre repleta de exploradores.

 

Michael Ende tiene un esbozo de relato de ciencia ficción (La consecuencia) en la que un científico viaja en el tiempo y descubre que sus investigaciones han contribuido a crear un mundo feliz sin violencia,  que en realidad es una dictadura donde la humanidad es reprimida en sus instintos básicos. Cuando regresa a su época destruye todos sus trabajos, pero es en vano porque hay otro joven investigador que ha descubierto lo mismo que él. La moraleja, parece ser, es que la ciencia avanza queramos o no. Y que el futuro es una dictadura “feliz”, un deseo inherente a la naturaleza humana, que a cambio de evitar el sufrimiento, el dolor y la pobreza  y dar satisfacción a todas las necesidades, eliminará la “molesta”  libertad.

 

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