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Cien años  

 

 

Juan Manuel Pardellas

 

Cien años se cumplen el 24 de abril del nacimiento de César Manrique y la Fundación que lleva su nombre, el Cabildo, numerosas instituciones y colectivos han sumado numerosos actos bien para recuperar la obra del artista, como su mensaje. También se cumplen ahora los 25 años de Lanzarote como Reserva Unesco de la Biosfera. Pero entre tantos nombres ilustres e iniciativas brillantes que vamos a poder disfrutar durante este año, me ha llamado mucho la atención el trabajo del escritor y agitador cultural Alejandro Krawietz.

 

Director del Festival Internacional de Documentales MiradasDoc, traductor, crítico literario, ensayista, poeta. Parte de su obra se ha traducido al inglés, francés y alemán, y ahora nos sorprende en este centenario con una interesante reflexión sobre estos mismos cien años, pero de la propia isla de Lanzarote, el infierno de fuego, la tierra baldía de la que huía la gente al incomprensible y mágico milagro al que ahora llegan casi tres millones de turistas.

 

Lo explica mejor el propio autor en la justificación de su proyecto Cien años: Lanzarote y César, donde cuenta con la colaboración de expertos en varias disciplinas: “En este contexto, Lanzarote es un territorio con un decisivo relato que contar y sobre todo con necesidad —para sí mismo, pero también para otros territorios— de contarlo. En el último siglo, una isla llamada al despoblamiento —existen informes internacionales que indicaban al gobierno español la conveniencia de abandonar la Isla— y desgarrada por la dureza del clima y la lejanía de los centros económicos, ha sabido construirse a sí misma, establecer líneas de desarrollo muy innovadoras —basadas en la sostenibilidad y la protección medioambiental— para convertirse en un modelo y un ejemplo para otros territorios. El camino no era fácil y en muchos momentos hubo de recorrerse en solitario, porque no todos confiaron en la capacidad de la Isla y de su ciudadanía para el éxito en el reto al que aspiraban. Fue, así pues, gracias al empeño de la sociedad en su conjunto, como Lanzarote se inventó a sí misma nuevamente: se dio la oportunidad de continuar siendo una isla que respira y que posee experiencias que ofrecer a otros. Hay que recordar que un territorio insular que hoy se ve amenazado por el éxito, un territorio que recibe actualmente más de tres millones de visitantes cada año, un territorio al que desean imitar países enteros, era hace sólo cincuenta años un territorio del que huir”.

 

Habla más adelante Krawietz de la necesidad de “construir el relato de Lanzarote”, de “la importancia de contar e interpretar el proyecto realizado”. Así que les invito a disfrutarla, ahora que podemos, y observemos, pensemos y, ojalá, decidamos, después de conocer el camino que hubo “desde la molineta de madera hasta el parque eólico, desde las salinas hasta el turista, desde el camello a la bicicleta eléctrica, desde el pescador de bajura al surfero”.

 

 

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