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El adictivo del amor  

 

Usoa Ibarra

 

 

Afortunadamente, el amor no tiene una sola definición, ni está sujeto a una sola interpretación. Este profundísimo sentimiento no emana de un solo órgano, sino que es capaz de actuar de forma integral, ya que también impulsa la conducta, otros sentimientos y los pensamientos, expresándose de distintas maneras, dejando una huella  que en cada persona tiene una profundidad o una delimitación. De amor todos estamos sedientos, pero no a todos nos sacia de la misma manera, porque posiblemente no haya otro sentimiento que tenga tantos grados diferentes de intensidad como ocurre con el amor. Así que podemos decir que cuando amamos, existimos, pero de diferentes maneras. Y si cada uno tiene una medida en el amor, ¿para qué establecemos clichés generalizados, concepciones culturales que nos llevan a desarrollar una imagen clónica del amor que nos simplifica injustamente, llevándonos a ver las relaciones y la pareja como si fuera un engranaje mecanizado que debe conectar de una manera concreta para que funcione?

 

Platón ya argumentaba que el amor es una conexión indescriptible entre dos seres donde se establece una profunda admiración. Pero yo prefiero pensar que el amor es un acontecimiento y por eso me gustó escuchar a la presentadora, María Teresa Campos decir que no creía en el amor para toda la vida, sino en el amor en un  momento determinado de la vida.  Lejos de concepciones metafísicas cuando uno está enamorado percibe mejor la belleza de las cosas , porque el amor nos permite observar ese ideal al que aspiramos, y es una especie de efecto rebote que nos deleita y nutre de lo más aprovechable en términos humanos, de lo que profundamente nos entusiasma, así que cuando uno está enamorado está observando en el otro todo aquello que le complementa y le hace mejor. Pero, por amor, también se sufre y mucho, porque es un sentimiento grato, pero no es fácil. Muchas veces se confunde con otras cosas y se distorsiona. En esos casos el amor no refuerza, sino que debilita, nos ofende y nos vacia. Tendemos a buscar la felicidad, volviéndonos demasiado dependientes de ella, y en ese intento posesivo es imposible encontrarla, porque tanto la felicidad como el amor son dos almas libres. Por lo tanto, el amor es posiblemente uno de los aspectos vitales que más nos retan y nos mueven a pensar. Por otro lado, en el amor siempre hace falta un punto de descontento y autoexigencia para no dar nada por hecho. Los amantes tienen a trasladarse a un mundo propio, que inicialmente creen ajeno a todo lo demás, y que luego pasa a convertirse en un microcosmos que cuando se rompe deja esparcido por doquier la culpa y las inseguridades. Con el amor se renuncia a la libertad y de ahí que sea tan importante la manera de asumirla, ya que de ello depende que surjan grandes o ínfimas historias de amor. ¡Así es este cuento! Tan cruel como bello.

Comentarios (2)  



Comentarios  

# Letinco 11-06-2018 21:36
No me puedo creer lo que leo. Oh Simplicissimus!
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# Gogo 13-06-2018 10:34
El amor no puede ser nunca simple, porque aún siéndolo sería sentido por una máquina compleja como es el ser humano. :-)
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