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El chef inquisidor

 

Por Alex Solar

 

Si nuestra sociedad y su economía capitalista fuese perfecta estaría de acuerdo en perseguir o denunciar a los infractores de leyes en la economía sumergida. Que en nuestro país tiene proporciones que según sabemos afecta al 23 % de la recaudación fiscal en muchas regiones (en Canarias, cifra récord de un 26,1 %). Es evidente que fallan las inspecciones de las administraciones respectivas (Trabajo, Hacienda, Seguridad Social, Sanidad y Consumo), pero lo que fracasa en la economía sumergida es el sistema, por la fiscalidad que grava a los autónomos y la burocracia que hace complicadísimo sobrevivir con el comercio ambulante.


Alberto Chicote, chef televisivo y discutido por dueños de establecimientos de hostelería que han constituido una plataforma actuaciones fraudulentas del cocinero en “Pesadilla en la cocina”, se erige ahora en inquisidor de fogones públicos y privados. En la última entrega de su nuevo programa (“¿Te lo vas a comer?”) el chef “justiciero” viaja a Ibiza para “investigar” el intrusismo en los cáterin y actividades de los “chefs privados” que actúan en mansiones y yates de la isla balear. También a los que se dedican a la venta ambulante en las playas. Se olvida Chicote que el principal intruso es él al suplantar la labor periodística que corresponde a verdaderos profesionales, aunque esté apoyado por un equipo de periodistas que actúan en la sombra de su protagonismo. Se nota que el cocinero no es de la profesión, por su torpeza al abordar a los entrevistados, a los que acosa y juzga como si fuera magistrado o detective . Chicote hace gala del mal carácter demostrado en los abominables programas concurso, donde no vacila en llegar a extremos de violencia verbal que provocan enfrentamientos casi físicos con los que trata de “cerdos” y otras lindezas. Quien lo retrató de manera certera fue Antonio, el chef gay rociero que dijo : “Chicote, el que todo lo arregla y todo lo hace bien…”. Bien podría el déspota de los fogones patrios indagar en los de sus colegas “michelines” que explotan a becarios de manera inmisericorde.
A los acusados de comerciar de manera ilegal, les interpela en inglés macarrónico (confunde la expresión “be quiet” que significa “cállate la boca” con “cálmate”) y esgrime una denuncia que ni siquiera ellos dicen conocer. Chicote tiene mucho que aprender de los periodistas de verdad, gentes como Jordi Évole , que con una sonrisa meliflua y sabios interrogatorios consigue que sus “víctimas” desembuchen la verdad oculta.

 


Un lector que tiene la amabilidad de comentar mis escritos me ha preguntado mi opinión acerca de los programas de la televisión, y aprovecho la ocasión para decirle que los de la cadena que menciona (Tele 5) no son los peores. Como muchos de Uds. saben, durante dos décadas escribí comentarios de TV en la Revista Lancelot, y coincido con la opinión de unos de los teóricos críticos más importantes de este medio, el francés Pierre Bourdieu, que en su ensayo “Sobre la televisión”, de 1996, que no ha perdido su vigencia, dice que “los sucesos crean un vacío político” y que los periodistas “dependen más de las fuerzas externas más que cualquier otro campo de producción cultural”. Lo que no pudo avizorar Bordieu fue esta invasión de los “ultracuerpos”, asesinos del periodismo provenientes de la farándula y de profesiones ajenas a los medios, como estos cocineros inquisidores cuyos programas poco aportan en su propio terreno de actuación. Porque nadie aprende a guisar en estas competiciones absurdas plagadas de trucos , mecanismos para atraer audiencias.


Dicen que los que pierden peso ganan en mal humor y debe de ser cierto porque los casi treinta kilos perdidos del chef rugbista le han pasado factura, ha desaparecido su sonrisa oronda y su temperamento se muestra más avinagrado haciendo de Inspector del Trabajo o de Hacienda, tras su pose de empresario y coach modelo. Acompañado por la patronal del cáterin y los chiringuitos, no duda en acosar torpemente a la pobre gente que se gana la vida arrastrando sus neveritas portátiles sobre la arena caliente bajo el sol, mientras los afortunados de este mundo se broncean en sus hamacas y de paso se ahorran los cuartos que otros les quitarían por una cerveza, un bocata o un mojito. El pretexto es la salud pública, aunque si la venta ambulante fuese la causa de intoxicaciones alimentarias los hospitales no darían abasto ni los retretes de los hoteles. En cambio, a menudo vemos en las noticias intoxicaciones y contagios (nada menos que de hepatitis A en una franquicia de Alicante, el pasado octubre ) en sitios de postín que pagan sus impuestos y supuestamente están “en regla”.


Chicote se apunta tantos tirando del mantel en residencias de ancianos y haciendo caer a una directora choriza. Es una vergüenza que tenga que venir este personaje a hacerlo, mientras los responsables hacen mutis por el foro. Algo falla, algo huele a podrido en este “Reyno” y no son solamente las cocinas.

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