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El efecto huerta

 

Por Alex Solar

Entre las muchas y variadas reacciones al gabinete de Sánchez destacaron las del nombramiento del periodista y escritor Máxim Huerta, al que además de asignar una renovada cartera de Cultura le endilgó además la de Deporte. Cultura y Deporte, todo un oxímoron para Huerta, según se puede apreciar en sus manifestaciones en las redes de hace un tiempo atrás. Como por la boca muere el pez y éste es de cola escurridiza, Huerta se ha apresurado a enmendarse la plana ante las críticas y dice ahora “Diego” o cualquier cosa, como que practicar deporte no le molaba pero el deporte sí. No es eso lo que se desprende de lo antes señalado, pero no importa, con esta actitud el flamante ministro demuestra que va aprendiendo con ligereza el oficio de político o la insoportable levedad de ser un escritor en la esfera pública, lo que le ha hecho bendecir hasta la tauromaquia.


Habría deseado, personalmente, que no existiera tal ministerio. No sin que exista previamente un amplio debate sobre lo que se entiende por “política cultural”, y que los ejecutores de esa política sean los mismos actores culturales y las consejerías existentes en cada gobierno autónomo. Por otra parte, si lo que se pretendía era impresionar o encandilar con una figura de relumbrón y prestigio intelectual, el PSOE podría haber echado mano de otros reyes en la baraja cultural española. Por ejemplo, un Antonio Muñoz Molina o , por qué no, su esposa, la escritora Elvira Lindo, que al parecer estaban en la terna. Miembro de la RAE, Premio Príncipe de Asturias, Director del Cervantes y un buen talante para entenderse con el mundo de la cultura, poco más se le podía pedir al autor de El jinete polaco, Sefarad y tantas otras novelas superiores a las narraciones de Huerta, y por supuesto con una veteranía y un currículo a años luz de este otro.


Pero, en fin, no seré yo quien le de consejos a Pedro Sánchez, como no quiso dárselos Julio Anguita interrogado por Jesús Cintora en La Sexta noche el pasado sábado. Es , como dijo muy bien el Califa cordobés del “programa, programa”, mayorcito y debería saber lo que se hace.


La cultura y la educación no son asuntos baladíes ni menores al lado de los otros asuntos de los que van a ocuparse los colegas de Huerta, en Economía o Fomento. Estamos necesitados de un gobierno que sepa apoyar una política cultural participativa y que no se limite a gestionar subvenciones a troche y moche sin ton ni son. O peor aún, con dedicatoria y guiño cómplice partidario.


Y lo mismo digo de la educación. Basta observar lo que lejanos países como Singapur o Estonia han hecho con sus educandos para darnos cuenta de que aún andamos en la Edad de Piedra, sin ordenadores en los colegios, sin laboratorios y alojados en barracones.


También hace falta un cambio de mentalidad en algunos educadores. Hace unos días, me dirigí a la directora de un colegio público alicantino para que me explicara el por qué emitía por sus altavoces a todas horas y a altísimo volumen canciones populacheras e inadecuadas (entre ellas “Salvajes irracionales” de los canarios Efecto Pasillo). Para mi sorpresa, me contestó que esa y otras canciones por el estilo eran elegidas por sus propios alumnos, “que las escuchaban en sus hogares”. Y para justificarlo me hacía ver que se trataba de un barrio popular. O sea, que ella no estaba para educar a sus alumnos en un gusto musical plausible ni acorde con sus edades (la canción es erótica en grado sumo y hasta machista) sino para complacerlos en su deformados paladares musicales.


Más cultura es lo que necesitamos. Y deportes también, pero sin exagerar, que ya tenemos demasiado fútbol , que más que cultura es un gran negocio y a menudo una escuela de violencia.

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