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El "relator"

 

Por Francisco Pomares

 

Sin duda, a pesar de lo manido del término, hay situaciones a las que se puede considerar excepcionales, y esta lo es: por primera vez en la historia de la democracia española, un Gobierno de la nación ha traspasado el límite mismo del delirio, ha aceptado dispararse a sí mismo en el mismo corazón del Estado, y todo para que su presidente pueda seguir unos meses más tirando de Falcon y acumulando viajes al extranjero. La vicepresidenta Calvo, esa señora que se instaló en el ridículo al ilustrarnos sobre la dualidad existente entre el "ciudadano Sánchez" y el "presidente Sánchez", nunca ha sido demasiado fina? Pero sus explicaciones sobre lo que es ese "relator" que el Gobierno ha aceptado para que haga no se sabe qué en la negociación con Cataluña superan el puro artificio semántico para convertirse en una demostración del más frío cinismo.

 

Un "relator" no es lo que nos dice la señora Calvo, un fedatario que levanta acta de una reunión. Eso lo hace un secretario o un funcionario, y no creo que a los secesionistas les vaya la vida en tal cuestión. Un "relator" es justo lo que Naciones Unidas dice que es, lo que saben los gobiernos de todo el mundo: un experto independiente que interviene en situaciones de conflicto entre gobiernos, territorios o facciones, para dictaminar en un asunto específico relacionado con la conculcación de derechos humanos en una comunidad. Eso es un "relator". Y que esa figura se materialice en la negociación catalana es lo que el xenófobo Torrá exigía en uno de sus 21 puntos para apoyar los presupuestos, a los que Sánchez quiere agarrarse para resistir unos meses más y no pasar a la historia democrática española como "Pedro el Breve".



Un "relator" es -precisamente- lo que el secesionismo catalán necesita para vender a las democracias de todo el mundo que lo que hay en Cataluña es un problema de conculcación de derechos humanos. Y al aceptar la participación de tal figura en las negociaciones (en cualquier negociación, ya sea entre gobiernos o entre partidos) eso, y no otra cosa, es lo que acepta el Gobierno desnortado, oportunista y básicamente incompetente de Sánchez.

 

El PSOE no puede permitir a su secretario general este juego trilero con los ciudadanos españoles, ni puede permitirse participar en la voladura del sistema constitucional, ni puede negociar presos por presupuestos, ni -ya puestos- puede aceptar que el Gobierno de la nación tontee creando escenarios de "bilateralidad" con Cataluña o se sostenga presupuestariamente gracias a un compromiso con la felonía. El Gobierno de España no puede conspirar contra España. Quiero decir: no puede seguir haciéndolo.

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