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El tío Raúl cumple cien años

Por Alex Solar

 

He recibido un vídeo familiar: el Tío Raúl , lejano pariente (primo de mi madre), cumple cien años. Me he imaginado volver a visionar la famosa película de Carlos Saura. Hijos y nietos, gran fiestón, no han faltado los bailarines de tango y los mariachis, contratados a escote, me figuro. Echaron la casa por la ventana, según puedo ver, porque hasta el alcalde de ese vasto municipio capitalino se acercó a saludar al centenario. Y no es que los ancianos que sobrepasan el siglo sean una rara avis en Chile, donde la longevidad es tan extendida que en el Censo de 2017 se descubrió que más de mil adultos centenarios “trabajan” todavía, “ya sea a cambio de enseres o en forma gratuita para sus familiares”. De estos mil valientes ancianitos, que ya deberían estar disfrutando de un merecido descanso y con una pensión razonable o digna, 658 son varones y 431 son mujeres.

 


A menudo, en los debates de la televisión sobre el acuciante asunto de las pensiones en España, se habla del caso chileno, donde los trabajadores a consecuencias del nefasto golpe de estado de 1973 dejaron de percibir pensiones públicas para entrar en un sistema de cotizaciones a entidades financieras privadas (AFP). El resultado es que uno de cada cinco adultos mayores de 65 años declaran trabajar postergando la jubilación o buscando nuevas fuentes laborales para llegar a fin de mes y se les ve en supermercados pesando fruta, en los campos o en servicios menores mal pagados. Un ingeniero octogenario, que forma parte de los más de 420 mil mayores que trabajan, relata al periódico chileno que da la noticia la semana pasada, relata que ha tenido que gastar todos los fondos de pensiones privados en la educación de sus hijos . De acuerdo a las estadísticas arrojadas por el último Censo chileno, la cifra o porcentaje de mayores que declaran trabajar supera a la de otros países del entorno, como Argentina y Uruguay, aunque es inferior en varios puntos a los de Brasil, México o Colombia, que se sitúan entre el 22 y el 27 % .


El Tío Raúl tal vez no lo sepa, pero es un privilegiado, lo vemos allí en el vídeo, feliz en su poltrona tomadito de la mano de su prima, mi tía Gioconda que a sus 95 todavía da la batalla, aunque un poco sorda de un oído y recluida en su habitación la mayor parte del tiempo. Lo que me lleva a reflexionar en mi propia vejez, ya instalada con camas y petacas. Caben dos actitudes, puede que alguna otra que no alcanzo a discernir, ante este hecho. El poeta americano Walt Whitman escribió que en la vejez se podía experimentar la misma gracia, la misma fuerza y la fascinación de la juventud. Ciertamente, el bardo de las Hojas de Hierba era un anciano hermoso y fue capaz de deslumbrar al mismo Oscar Wilde cuando lo visitó en su viaje americano. El escritor francés Leauteaud fue un amante activo casi hasta el final pese a su decadencia física , pero advertía no sin secreto temor o angustia “esa fisura, esa sombra de marchitez que son los signos del envejecimiento”. Más dramático en su autoanálisis era el genio Miguel Ángel que decía de su aspecto : “ Mi cara parece un espantajo. Soy como esos trapos extendidos los días de sequía en los campos y que bastan para espantar a los cuervos”.


Lo mejor sería, como hacía el poeta Valery, “mirarse en el espejo solo para afeitarse”. O ni siquiera eso, ventaja de los que llevamos barba.


El envejecimiento de la población abre en el mundo nuevos desafíos y uno de ellos es el trabajo para los “seniors”, que aunque todavía tenemos algo que aportar nos vemos constreñidos por la baja calidad de la oferta , casi inexistente en países como el nuestro. Trabajar hasta edades avanzadas, aparte del beneficio económico, tiene su lado positivo desde el punto de vista físico, mental y cognitivo. Los jubilados chilenos se han puesto en marcha para exigir reformas, piden que se cree un ministerio especial para el mayor y su previsión. La respuesta de los políticos ha sido negativa. Francisco Iturriaga, presidente de la Unión Nacional de Pensionados de Chile dice que “les dio terror, porque unidos los jubilados seríamos mayoría”.

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