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La oportunidad de un desahogo

Francisco Pomares

 

 

El presidente Clavijo parece encantado tras haber contemplado como 60.000 isleños se desgañitaban en la calle poniendo a parir a todos los Gobiernos de la Historia de Canarias a cuenta de lo que los manifestantes consideran que es el agotamiento del modelo turístico. Los políticos son capaces de encontrar oportunidades incluso cuando la gente les apedrea, y si Clavijo es algo, es precisamente un político. Por eso ha dejado claro que tras la muy exitosa manifestación contra el actual modelo turístico (aunque algo menos exitosa de lo que nos hicieron suponer las expectativas creadas), lo que queda es la oportunidad de “un trabajo serio y riguroso, científico”. Ejem.

 

Canarias es un país poco dado a los excesos. Llevamos en la sangre lo de integrar el desacuerdo: donde dos vascos son capaces de sacarse las mantecas por un quítame allá un desacuerdo, en Canarias somos de los que -después de sacar pecho y ponernos farruqueros– buscamos la conciliación. Idiosincráticamente, el nuestro es un carácter apaciguador, que evita que la sangre llegue al rio. Es una ventaja identitaria, que evita sufrimiento. Lo que ocurre con el apaciguamiento es que también supone renuncia. Renuncia a defender lo que uno cree, o al menos a defenderlo hasta su última razón.

 

En realidad, yo no me creo mucho que Clavijo esté especialmente impresionado porque 60.000 canarios hayan salido a las calles a protestar contra la gestión política del turismo. Supongo que maneja información suficiente para saber que de los de la manifa no le vota ni Dios. No fueron a darle a Clavijo una oportunidad, fueron a exigir cambiar las cosas que no les gustan. Por ejemplo, a pedir ‘una moratoria’ en la construcción de hoteles. Aunque no han aclarado ni qué tipo de moratoria, ni si ha de afectar a todas las islas por igual, ni lo que ha de durar, ni que se hará para evitar pagar centenares de millones de euros a los hoteleros cuando los jueces les den la razón, como ha pasado con las dos moratorias que hemos tenido. Y además… ¿Por qué una moratoria ahora? En Canarias hay menos plazas alojativas hoteleras y menos hoteles que en el año 2010, cuando los turistas que llegaban a las islas eran 12 millones. Ahora son 16 millones, pero más de un tercio de las plazas no son hoteleras. Son en viviendas vacacionales. ¿Porque pedir entonces una moratoria cuando los hoteles han reducido su oferta de plazas un 16 por ciento?

 

Bueno, pidamos también que se acabe con el alquiler vacacional.  Si no recuerdo mal, cuando los hoteles pasaron a controlar el cotarro que antes se repartían con los apartamentos, los mismos expertos universitarios que ahora se quejan de la masificación, defendieron la conveniencia de una diversificación de la oferta, que favoreciera la incorporación de vivienda ociosa al sector. Se nos dijo que eso democratizaría el reparto de los beneficios del turismo, sacaría a los turistas de los guetos todo incluido de los sures y los pondría en contacto con la vida real de las islas, que es la de sus pueblos y ciudades. Así ha sido, y ha funcionado tan bien, que todo hijo de vecino que ha podido se ha metido en el negocio, que endemonia a los hoteleros –les han quitado un tercio de su caja- y no gusta demasiado al Gobierno.

 

Por ambas cosas, se va meter en cintura los precios asequibles de la vivienda vacacional. Pero a lo mejor lo vacacional tampoco es la clave del problema de la vivienda. A lo mejor el problema es que en las últimas dos décadas y media, la población residente en las islas ha aumentado en casi medio millón de personas, y no precisamente por la pujanza de nuestra demografía reproductiva. Crecemos a ese ritmo porque la gente prefiere vivir aquí que en Cuenca o en Hannover, donde hace mucho frío. Y además, si creemos que el problema del turismo es que nos deja sin viviendas, quizá convenga saber que son más de 200.000 las viviendas vacías y sin explotación que hay en las islas. Hasta hace cinco años se construían unas 20.000 viviendas privadas al año, pero en 2023 sólo fueran 3.000. De ellas, ni una pública, por cierto. Parece poco razonable pensar que eso es también culpa del turismo. ¿Buscamos otra explicación?

 

¿Y la ecotasa? Vale. Ahora todos con la ecotasa. Aunque convendría decidir primero si se cobrará por visitar espacios protegidos como se hace desde hace décadas en Lanzarote, o por pernoctación o alquiler de vehículos, y si pagaremos también todos los canarios, como exige Europa… La presidenta del Cabildo de Tenerife ya quiere cobrar por entrar en el Teide. Y me parece estupendo. Pero no que quiera gastarse luego los cuartos en comprar a los empresarios de la Tejita su licencia, para que dejen la playa en paz. Exactamente así empezó la broma de Las Teresitas, y aquello sí que fue una oportunidad perdida.

 

Y en hablando de La Tejita y Cuna del Alma… Esto huele cada vez más a lo que olía Vilaflor: a un desahogo.

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