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Olé por Canaryfly

Antonio Salazar

 

 

La publicidad con motivos políticos siempre ha sido arriesgada, más en un país como el nuestro donde la gente suele tener muy arraigado cariño a sus ideas políticas, convertidas en prejuicios, con una tolerancia baja a la crítica y una nula predisposición a cambiar de afecto ideológico, así el destinatario de su voto cometa las mayores barbaridades. Es cierto, igualmente, que el sentido del humor compensa con creces otras carencias y cuando es inteligente, la chanza puede ser perdonada. Quizás sea la idea presente en los creativos de la campaña de CanaryFly en la que “también regalan un Máster” y que está presente en muchos soportes publicitarios. Su idea, controvertida, es que tras los escándalos que rodean a algunos dirigentes políticos con la supuesta formación académica en su poder, uno puede obtener un Máster en la búsqueda de precios bajos para volar. Algo que se consigue si se compran billetes baratos en la aerolínea que ha hecho de eso su ventaja competitiva, lo que la distingue de los demás operadores. Uno envía un correo electrónico con el ticket de compra y, ¡voilá!, se obtiene un Máster en la materia.

 

La campaña no ha agradado a todos, claro está, e incluso se discutió si superaría los controles de autocensura –lo llaman autocontrol- aunque al final ningún especialista encontró mayores dificultades para que fuese programada. Pero, admitámoslo, la publicidad es un sector intervenido donde resulta sencillo censurar anuncios. Empezando por anunciantes y medios, que ya hilan fino para que nadie se ofenda, desechando en los últimos años asuntos que no pasan el filtro, desde el uso de atractivos modelos a toda suerte de temas que son considerados políticamente correctos. Y terminando por toda una legión de observatorios que parecen tener como única razón de ser la vigilancia de los anuncios que se emiten. No es sencillo ser creativo publicitario en estos tiempos, más si los comerciales se dirigen a los ofendiditosomillenials, esosa los que todo lo que han hecho las generaciones previas les desagrada. Le hemos hecho creer que son la generación mejor preparada, cuando solo –y no es poco- es en la que más dinero nos hemos gastado en su formación, actuando en consecuencia como si en realidad lo fuesen.

 

 

Por eso es un saludable soplo de aire fresco campañas como la deCanaryFly, saliéndose de rígidos estándares y crítica con una clase política que es la que mancilla la formación de calidad con sus reprobables acciones. El problema no es que una compañía ofrezca “Máster regalados”, lo realmente dramático es que tengamos una clase política que ha adulterado las normas para fingir ser lo que no son, arrogándose un conocimiento científico del que carecen, como si eso les habilitase para tomar decisiones como las que, normalmente, perpetran.  

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