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Un cuento chino

 

Por Francisco Pomares

 

O sea: que un tipo va y te ofrece comprarte los activos ruinosos del GranCa, te promete un pico de millones y te explica que la forma de hacerlo es empezar por soltar un pequeño pastizal de muestra, una suerte de señal, camuflada como patrocinio, de un millón de euros. Para hacerte la boca agua te dice el menda que la mitad de ese millón te la ingresa esa semana o la siguiente, y tú vas y firmas un protocolo antes incluso de reunir a los propietarios del equipo. Es tanta la prisa que hay por quitarse el GranCa y sus pérdidas de encima, que no te lo piensas dos veces: hoy nos ha caído la lotería, un choni extranjero con un coleguilla local, que algo ha de llevarse por la gestión, y al que lo único que le interesa es soltar pasta a raudales. Pues eso, que al final te reúnes con la Fundación y los convences. Pero alguno se chiva y llega el momento de explicarse y saltan las contradicciones. Morales que dice que es sólo un patrocinio y asegura que ya han cobrado la mitad (falso), y tú que te defiendes de la acusación de chapuza empeñando su palabra y garantizando que la empresa que va a meter los cuartos es gente seria, interesados en salvar al GranCa y devolver al equipo la pasión y el orgullo.

 

Pero pasan unos días y la pasta no llega. Se empiezan a balbucear explicaciones confusas, que si no, que si sí, que si no, y resulta que va el apoderado de la gran multinacional y cuenta que la pasta no ha llegado y que además no van a ponerla, porque alguien se ha ido del pico y el fondo se niega a afrontar no sé qué riesgo de daño reputacional, que es algo así como que un porteño se cisque dos veces seguidas en tu madre, o aún peor. Y vuelves tú con la cantata de que son gente seria, que viste los papeles, que todo está en orden, y que retomará en tiempo y forma. Y entonces alguien hace su trabajo: coge el dossier y empieza a mirar uno a uno los papeles y resulta que el holding de los 13.600 millones ni tiene oficina, ni sede, ni página web, ni está registrado en la bolsa USA, ni en la Comisión de Valores, ni en el Tesoro. Que el mayor fondo de inversiones que jamás había paseado sus poderes por España es un espejismo, un cuento chino, un fraude con papeles trucados, una organización implicada en estafas financieras: ofrece participar en operaciones suculentas, rescates y compras de tinglados más o menos ruinosos, a cambio de pedir pequeños anticipos previos. Como el más casposo de los timos, la estampita, o el tocomocho, pero en tiempos de la globalización. Por eso las pruebas de los miles de millones vienen en chino: una trapisonda de manual, el falsísimo recibo de los 13.600 kilos (depositados en mano, vaya coña) en la sede central del Hong Kong and Shanghai Banking Corporation Limited, un consorcio financiero creado en 1865 para atender las necesidades del comercio entre China, la India y Europa. O sea: hasta el mismo fondo. Un bochorno espantoso: "es una empresa seria y solvente", dijiste. "Ya hemos cobrado", insistió Morales.

 


Y ahora a silbar y olvidar el ridículo. Estamos en elecciones y esto pasará rápido.

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