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Votos contra disparos

Por Francisco Pomares

Publicado en El Día

 

A tiros: varios motoristas armados irrumpieron ayer en el "centro soberano" de Catia, uno de los más de dos mil abiertos por la oposición a Maduro en todo el país para desafiar con una consulta informal la decisión del Gobierno chavista de convocar un proceso de reforma constitucional. Los motoristas dispararon sus armas al aire, con intención de amedrentar a los centenares de personas que hacían cola para votar en la consulta, aunque parece que al menos hay un herido de bala. Los votantes consiguieron expulsarlos, solo después de que se llevaran listas de personas que habían votado y provocaran destrozos. El ruido de las ráfagas de ametralladora se escuchan perfectamente en los vídeos que ya circulan en la red: son la música ambiente de una consulta convocada por el Parlamento -tiene atribuciones constitucionales para ello- pero declarada ilegal por el poder electoral, controlado por Maduro. La consulta carece de las garantías exigibles a un referéndum: se realiza sin acceso al censo, y cualquiera puede votar, incluso hacerlo varias veces. La consulta no va a tener consecuencias legales, pero su intención política es demostrar que los venezolanos de dentro y de fuera del país (el número de participantes, convocados en 350 ciudades de fuera del país, podría haberse acercado al medio millón de personas) quieren votar y cambiar el gobierno chavista antes de que el Gobierno cambie la Constitución y establezca una dictadura en la que Maduro quede legalmente legitimado para decidir incluso qué partidos pueden o no participar en las elecciones. Los tiros e incidentes entre votantes de la oposición y los grupos chavistas -convocados también a votar en un simulacro de elecciones a la Asamblea Nacional Constituyente- son la demostración de que el chavismo no está dispuesto a procesar ningún mensaje. Maduro ha advertido que cancelará las licencias de emisión a las televisiones que cubran el proceso, y ha sacado a los suyos a la calle. Muchos de ellos votaban en los dos procesos. No-no-no en las urnas de cartón, a las tres preguntas planteadas por la oposición, y también en el simulacro de elecciones de la Constituyente, realizadas para poder atribuir al chavismo las escenas de masiva movilización callejera.

 

En realidad, oposición y chavismo bailan en Venezuela un complejo baile de legitimidades. Tras la aplastante victoria de los candidatos antichavistas en las parlamentarias de 2015, la oposición controla la Asamblea, pero Maduro controla el Gobierno y a un poder judicial que no reconoce a la Asamblea, y que impugnó el referéndum revocatorio, alegando fraude en las formas presentadas. Pero lo que está realmente por ver es si Maduro seguirá controlando a la Fuerza Armada tras esta consulta, que dedica una de sus preguntas claves a demandar al ejército bolivariano que defienda la Constitución de 1999 y apoye la convocatoria de unas elecciones libres y la formación de un gobierno de unidad nacional.

 

En Venezuela no se votó ayer para hacer un recuento de los votos que van a entrar a puñados en cajas de cartón sin precinto. Se votó para demostrar la capacidad de organización y de convocatoria de una oposición que quiere recuperar un país en la ruina y hambriento. Se votó para recordar al ejército que millones de compatriotas creen que la única forma de evitar una guerra civil en el país es que el ejército intervenga. Se votó para demostrar a la comunidad internacional que la única opción posible es inhabilitar a Maduro antes de que celebre unas Constituyentes amañadas que abrirían la puerta a una dictadura de facto. Se votó para que los votos -en un día no lejano- sustituyan a la escasez, el miedo, el matonismo y los disparos en el Parlamento y las calles.

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