Actualizado: Mayo 18, 2012 - 3:05 pm .
Un reportaje redactado por Mar Arias Couce, publicado en este mismo medio, me ha refrescado la memoria. Se refiere, la citada periodista, a fenómenos paranormales vinculados al pasado lanzaroteño. Una crónica cuyo magnífico contenido refleja también ricas aportaciones esotéricas del escritor José Gregorio González.
No he tenido la oportunidad de leer el libro “Canarias, territorio del misterio”. Posiblemente sean incluidos en sus páginas relatos enigmáticos que han tenido a Los Valles de Santa Catalina como protagonista; pues en paralelismo con diversas comarcas conejeras, esta localidad, perteneciente al municipio de Teguise, aglutina inexplicables referencias donde son advertidas luces u objetos voladores no identificados. Rememoraciones que, admitámoslo o neguémoslo, pasan a engrosar glosarios concernientes a dicho pueblo; leyendas fundamentadas en tradiciones orales que nos recuerdan a nuestros antepasados, incluso personalizando.
Los parajes del territorio descrito fueron el miércoles 15 de octubre de 1952 noticia mundial. En aquellas fechas se concedía desmesurada atención, desde los estamentos militares, a presencias de ovnis en el firmamento, circunstancia que impulsó a la agencia EFE a difundir un despacho, remitido desde Arrecife por su corresponsal y sagaz redactor Guillermo Topham Díaz; información referida al avistamiento, por parte de una residente, de varias anomalías en el espacio abarcado por delimitaciones mencionadas.
Refulgentes circulaciones entre el castillo de Guanapay y el santuario de Nuestra Señora de Las Nieves, se dejaron observar durante varias noches; extrañezas que tuvieron perceptibilidad por algunos vecinos de Los Valles, asociándose aquellas sorprendentes vislumbres al espectro de un insigne teguiseño. Según trasmisiones generacionales, el mentado hijo de La Villa había dejado, en sus disposiciones testamentarias, mandatos destinados al colectivo peregrinante hacia la ermita anotada, encargo que no fue ejecutado conforme al deseo expresado, motivo por el cual se manifestaba desde otra dimensión.
Estas experiencias lumínicas tienen asimismo su exhibición en comparecencias ante grupos familiares. Personas del vecindario aludido declararon haberlas contemplado a raíz del fallecimiento de algún pariente; luces que desaparecerían al sospechar y reparar hipotéticos compromisos incorpóreos.
Todo cuanto precede, lógicamente debe ser tomado con cierta cautela. Quizá la Física tenga mucho que decir. No obstante, sí creo es razonable dejar constancia del merecido respeto hacia la ciudadanía partícipe. En cualquier caso, forma una faceta más de nuestro acervo popular.
José Antonio Peraza
COMENTE ESTA NOTICIA