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Un lujo de huelga

Daño. Mucho daño. Eso es lo que le ha hecho la huelga de los trabajadores de los centros turísticos a la isla de Lanzarote el pasado mes de agosto. Cada uno de los días que ha durado esta huelga, a decir de muchos injustificada y exagerada por el convenio privilegiado que tienen esos camareros y cocineros, le ha supuesto a la isla unas pérdidas de más de 110.000 euros diarios que se han dejado de ingresar. No sólo eso. No sólo las pérdidas han sido económicas, además la isla ha ofrecido su peor cara cerrando a cal y canto el principal atractivo de la isla a todas esas personas que vinieron, como cada verano, de diferentes partes del mundo para conocerlos. Para descubrir los famosos Centros de Arte, Cultura y Turismo que César Manrique diseñó para la isla.

 

Desde un punto de vista laboral y social, poco se entiende la huelga en los Centros Turísticos planteada por un Comité de Empresa intransigente e irresponsable. Sí, no nos duelen prendas al decirlo, ya que, bajo nuestro punto de vista, desde un primer momento se tenía previsto ir a la huelga. Sí o sí. Daban igual las conversaciones y los diálogos mantenidos con la Empresa. Se trataba de un pulso a la dirección de la misma. El objetivo era ganarlo, y comenzar las reivindicaciones económicas y sociales. La meta de los huelguistas era estar como estuvieron en su día, una situación que, entre otras cosas, condujo a la ruina a los Centros Turísticos.

 

Esta élite del Comité Empresa, -algunos de baja durante ocho meses por un tobillo lesionado, por poner un solo ejemplo- y que nos sale a todos los lanzaroteños un coste medio de 3.000 euros mensuales, ha estado acostumbrada a que un PSOE débil, gran culpable junto al PIL de los males que arrastra la empresa pública, cediera a todas sus exigencias. Hasta tal punto que ese Comité de Empresa, más que el representante legítimo de los intereses de los trabajadores, se cree el dueño de los Centros Turísticos. Algunos han llegado a comentar (en nuestro propio medio digital) que ganaban 30.000 euros al año, pero que el consejero ganaba más como si eso fuera un argumento válido. Y no lo es. Teniendo en cuenta que el puesto que ocupa un consejero es limitado en el tiempo, le exige una formación y que sobre él recae una responsabilidad global de lo que ocurra en los centros, es, bajo nuestro punto de vista, lógico que tenga un buen sueldo. Y nadie dice que un camarero no pueda tenerlo, pero tal vez querer triplicar la media de lo que gana un profesional formado (a veces hasta con máster en la materia) en la empresa privada es acabar de golpe con la gallina de los huevos de oro. Y eso es justamente lo que nos tememos que pase que, de tanto exigirle a la gallina que de huevos y más huevos de tan noble metal, la gallina deje de ponerlos y paguen por ello justos y pecadores. Pague por ello la isla de Lanzarote y todos sus habitantes. Hacer una huelga de semejantes dimensiones en pleno agosto en una isla que vive del turismo traerá consecuencias, y no sólo económicas. Pero más grave que la actitud de abuso de los trabajadores ha sido la mostrada por las formaciones políticas, sobre todo las históricas, que a sabiendas de la injusticia de la huelga han dado una patada a Pedro San Ginés en el culo de todos los lanzaroteños. Lo más triste no es la huelga sino ver que partidos como el PP que sufrieron en sus propias carnes los “abusos” de un comité de empresa insaciable, ahora lo apoyen directa o indirectamente. O ver también la demagogia de partidos como el Psoe, Ciudadanos y Podemos. Así no se sacará los grandes problemas de una isla adelante. Y eso si es dañino y triste.

 

Una vez que la revista está en la calle, y este editorial publicado, los hechos acontecidos nos han venido a dar la razón, tras la huelga de los Cacts se ocultaban motivos políticos que han acabado con la ruptura del pacto. Nada nuevo por otra parte, no se puede olvidar que ésta es ya la tercera vez que el PSOE abandona el Gobierno Insular sin motivos reales. A nadie se le esconde que se vuelve a notar la dirección de Carlos Espino en este Partido Socialista que parece preferir la inestabilidad a un gobierno consolidado. Lo dicho, muy triste y muy lamentable.