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Colegio Arenas

Una de padres e hijos

Por Guillermo Uruñuela

 

Hay muchos factores en tu vida que no puedes controlar. Muchas aristas que pueden dañarte de formas tan dispares que no te llegas a plantear. Todo ello se puede soportar en mayor o menor medida en función de la fortaleza de quien las padezca. Pero cuando el problema en cuestión le ocurre a un hijo el prisma desde el que enfocas la realidad cambia drásticamente.

 

Y es que, tener un hijo, como bien afirmó José Saramago es el mayor gesto de generosidad que una persona puede tener. Con ellos te expones a todo. Sufres por cosas que desconoces o no comprendes. También por motivos que no puedes controlar y que se escapan a tu conocimiento en muchos casos. Sufres por enfermedades, por sus desdichas, por sus tropiezos, que aunque tú los consideres intrascendentales, para ellos pueden tener efecto devastador.

 

Tu cobijo tiene los días contados y la vida no será condescendiente con ninguno de ellos. Será como es, perra e injusta. Poco gratificante, en la mayoría de casos. Pero quizá el truco esté en encontrar el punto medio en toda esta historia. El equilibrio entre dos fuerzas opuestas y complementarias. El Yin y el Yang.

 

A mi lado, tengo comiendo croquetas de la abuela a Guille. Con su pelo alborotado, recién duchado, viendo absorto las “Tortugas Ninjas”. Él posiblemente sea la persona que más acerque mi figura a la excelencia. Los hijos te empujan con su ilusión. Una ilusión que irá decreciendo con el paso del tiempo, al igual que la percepción que tienen de sus progenitores. Nosotros siempre seremos padres y ellos hijos. Pero definitivamente yo no volveré a ser Capitán América ni él, “Iroman Rojo”.

 

Y es que cada atardecer que pasa, y sin contar con ningún revés en forma de lo que sea, se te van escapando. La vida se hace dueño de ellos y es desgarrador pensar que este mocoso llegará un día en el que me vea como ese padre carca o repetitivo que le sigue contando sus historias caducas sobre fútbol. El amor, claro está, no desaparece sino que se trasforma. Y ahora, con 28 primaveras y el segundo retoño en camino puedo afirmarlo.

 

¿Cómo me ha dado por pensar en ello? Es sencillo. Hoy he recibido un WhatsApp de un contacto. Sólo contenía una imagen con un artículo de opinión antiguo y una breve frase redactada con pulcritud; con sus signos de puntuación debidamente ubicados. Hablamos un rato al respecto. Esa persona, sabiamente, opinó que el término medio en todos los aspectos de la vida es el más recomendable. He hecho mío ese pensamiento y por eso lo quiero plasmar. Durante la vida de un hijo por cada contratiempo, hay miles de días buenos y de momentos maravillosos que tenemos que ser capaces de saborear. Y no lo digo yo. Lo dice la persona para la que un día fui “Iroman Rojo” y a la que yo veía como Capitán América, aunque por esa época no existiera.

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