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Cuando el fieltro cobra vida

 

La artesana Yolanda Fontán realiza muñecas de fieltro por el método Waldorf que enamoran a primera vista

 

  • Lancelot Digital
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    Si hay una cosa que Yolanda Fontán Besey tiene clara es que la vida da muchas vueltas y siempre se puede seguir aprendiendo. Es el caso de esta artesana autodidacta, de cuyas manos salen unas preciosas muñecas de fieltro realizadas, de principio a fin, de manera artesanal por el método Waldorf. Su principal característica es que no son en absoluto agresivas ni peligrosas para los niños, y su único efecto secundario es que no pueden dejar de achucharse.

     

     

    Ojos pequeñitos, bordados, melenas abundantes, a veces de pelo natural y otras de lana pero siempre plagadas de flores, vestidos ingenuos y coloridos, así son las muñecas que imagina y crea para cumplir los sueños de los más pequeños.

     

    Yolanda se dedicó durante muchos años al diseño gráfico en diversos medios de comunicación de la isla y llegó a tener incluso su propia empresa de serigrafía, pero al ser familia numerosa el trabajo era cada vez más complicado. “Y yo necesitaba hacer algo distinto, una actividad con la que me pudiera ganar la vida pero que no fuera tan contaminante como lo que había hecho hasta el momento”, cuenta.

     

    Yolanda es madrileña de nacimiento, pero a los quince años, hace ya casi cuarenta, llegó a Lanzarote y aquí se quedó, encantada con su isla de acogida. Después de dos décadas dedicadas al diseño gráfico decide en el año 2008 sacarse el carnet de artesana y comenzar a trabajar con el fieltro. “Trabajo con fieltro, pero no del que se compra en tiendas, yo produzco el fieltro a base de pelo de oveja cien por cien, que humedezco con agua caliente y jabón, condensándolo cada vez más, hasta que lo convierto en fieltro usando para ello agujas… esa es la técnica del afieltrado artesanal”, señala. “El primero paso para todo lo que viene después”.

     

    Toda la lana, ya teñida, tiene que comprarla fuera de la isla, de diferentes zonas de Europa. “Suelo comprar lana de merina australiana por la buena calidad que tiene”, señala. “Pero también irlandesa o suiza. Una de las barreras que encontramos son las aduanas. Si compro 14 euros de lana, tengo que pagar 17 por el coste de la aduana. Ese es un mal al que nos enfrentamos todos los artesanos”.

     

    Yolanda comenzó realizando chales, pañuelos, bufandas, bolsos y otras prendas relacionadas con la moda y enseñó a una de sus hijas la técnica. “Nos dividimos. Ella, que tiene una tienda en Teguise, continuó realizando prendas, y yo decidí dedicarme a la realización de muñecas”, señala.

     

     

    Muñecas para achuchar

     

    A la hora de plantearse como serían sus muñecas, Yolanda, autodidacta para todo, eligió el método Waldorf, como la pedagogía alemana, y lo hizo porque sus muñecas son recomendables para niños de todas las edades. “No hay en ellas nada agresivo, pueden achucharse, morderse, lavarse, sin miedo ninguno”, explica. “Todo en ellas es orgánico y no contaminante. Todo va cosido y bordado y sólo usa lana y algodón”.

     

    Tiene muñecas decorativas para adultos, de pequeño tamaño, de gran tamaño y muñecas pensadas directamente para los más pequeños de la casa. “Para hacer las muñecas realizo las piezas directamente modelándolas con las agujas mientras les doy forma”, explica. “Las grandes las hago cosiéndolas y llevan también algodón. Mi toque diferente, a las Waldorf de siempre, es que les hago el pelo con lana, hago rastas de colores para las melenas de mis muñecas que son de todas las etnias”, asegura.

     

    No resulta necesario. Solo hay que ver sus rostros rosados, tostados, oscuros, sus melenas rubias, castañas, pelirrojas y negras, pero también azules, rosas y verdes.

     

    Una muñeca lleva un proceso de elaboración de cerca de tres días y el coste varía, según tamaño, entre los 25 y los 50, 70 o hasta 80 euros. “Depende mucho de la muñeca, yo casi todas las hago por encargo, pero depende de lo elaborada que sea”, explica. “Muchos de mis clientes me han visto en las ferias en las que he participado, o han visto las muñecas en la tienda de mi hija. Se ponen en contacto conmigo, me dicen que quieren y yo me pongo a trabajar. Muchas veces, si vienen con la niña o el niño para el que  la quieren, la hago parecida a ellos. A veces no quieren una muñeca si un diseño como El Principito o una animal… yo escucho y luego me pongo manos a la obra, como siempre, usando mi imaginación”. “Como más me gusta trabajar es cuando me dicen que la haga como yo quiera, entonces trabajo muy cómoda”, señala.

     

    A Yolanda le llegan encargos de todo el mundo. Alguien descubre sus muñecas y se enamora de ellas. “Durante muchos años tenía un puesto en el mercadillo, y allí nos veían muchos alemanes que siempre se quedaban encantados”, señala. “Creo que son muy tiernas y pedagógicas, despiertan la creatividad del niño que tiene que usar su imaginación para crear situaciones e historias. No son como las Barbies que tienen una expresión muy marcada, con estas muñecas hay que soñar e imaginar. Además son muy maleables, dan ganas de apretarlas y achucharlas”. “Tengo encargos de centros para niños autistas y con otras deficiencias… esos encargos son los que más me gustan”, asegura.

     

    Hospital para muñecas 

     

    Las muñecas de Yolanda son irrompibles porque si sufren un desgarrón el dueño no tiene más que llevarlas a su ‘hospital’ y es la propia Yolanda la que las cose, las mima y las entrega como nuevas. “Tengo una “clienta” que cada vez que su muñeca se “pone malita”, me la trae para que se la arregle… ya ha venido tres veces”, bromea. “Para ella soy como su médica, y siempre que viene, llega llorando. Después se va contenta porque su muñeca ya está bien”.

     

    También realiza cursos formativos para otros artesanos que deseen aprender la técnica que ella ha ido perfeccionando con los años. “Son cursos largos, primero les enseño a coser, luego a trabajar la lana para crear el fieltro, luego a modelarla… pero son muy divertidos y los alumnos disfrutan mucho”, asegura.

     

    Durante muchos años Yolanda vivió sólo de la artesanía. “Ahora estoy también con otras cosas y la parte más artesanal la continúa mi hija, pero durante muchos años viví de la artesanía y pudo hacerlo más o menos bien”, señala. “Ahora las cosas están mal complicadas, pero eso va por épocas”.

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