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Finca de Uga sigue ganando premios

 

Los quesos y queserías de Lanzarote gozan de buena salud. A igual que ha ocurrido con nuestros vinos cada vez más nuestras queserías, la mayoría artesanales, están apostando por hacer cada vez mejor las cosas. Sin duda, el nacimiento de queserías como Finca de Uga, del conocido promotor Juan Francisco Rosa, han servido para que todas las demás mejoren y para que la cultura del queso lanzaroteño sea hoy bastante importante dentro del panorama nacional.

 

Un año más -y creemos que van ya cuatro o cinco- el queso Finca de Uga bajo la denominación “Bodega de Oveja” se llevaba la medalla súper oro en el concurso internacional World Cheese Awards 2018. Estamos hablando de una de las ferias más importante del mundo de quesos por el número de empresas que compiten, celebrado esta edición en Bergen, Noruega. Ademas, Finca de Uga, que desde el principio apostó por la diferencia y la calidad, obtuvo en la meca de los buenos quesos dos medallas de platas que reconocieron las virtudes del quedo Finca de Uga Alegranza y Finca de Uga untado al pimentón. También esta quesería obtuvo una medalla de bronce por Finca de Uga Bodega, convirtiéndose un año más en una de las quesería más premiadas de Canarias y la más premiada de Lanzarote.


La apuesta de por la calidad

 

Lo cierto es que los lanzaroteños tenemos que estar orgullosos de nuestras queserías en general. La mayoría han apostado por la calidad, por la innovación y eso, al final, trae sus frutos. En esta ocasión LANCELOT quiere felicitar a otras dos queserías conejeras como son Montaña Blanca y El Faro. La primera obtuvo en la citada feria una medalla de plata con su queso Guatisea semicurado y otra de bronce, mientras que El Faro se hizo con de plata en el semicurado natural, bronce en el curado natural y otro bronce en pimentón curado.

 

Sin duda estas queserías lanzaroteñas han dejado bien alto el pabellón de Lanzarote en el mundo. Y es que, que en una tierra de 800 kilómetros cuadrados tengamos unos vinos excelentes y unos quesos de reconocimiento mundial es para estar orgullosos, pero también debe servir para que nuestras autoridades apoyen al sector primario. Un sector que en ocasiones se siente innecesariamente vigilado y rodeado de burocracia decimonónica que hace que sea casi un milagro sortearla. Eso sin contar con los aburridos podemitas y socialistas de la Fundación que ponen una vela a Dios y otra al Diablo cuando se trata de defender al hombre del campo.