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Buitrismo

Francisco J. CHAVANEL

 

El gobierno de Ángel Víctor Torres vive con un infiltrado en su estómago. Se trata del vicepresidente, Román Rodríguez. Cuando ocurrió el conflicto de la Televisión Autonómica y la caída del aquel consejo fiscal, Rodríguez no siguió instrucciones de su presidente, sino de poderes externos completamente privados.

 

Ya había habido otros momentos antes. Lo cierto es que este Gobierno en varias cuestiones no ha mantenido la misma posición, sino incluso, a veces, cuatro distintas. Ha sucedido con el puerto de Fonsalía, y acaba de suceder con la petición de las Islas Verde de reclamar el cien por cien de las ayudas en materia audiovisual.

 

El último bochorno tiene como epicentro el volcán de La Palma. El vicepresidente Rodríguez quiere meter cuchara pero no lo tiene fácil. Las cámaras y los periodistas están en la isla, junto al volcán, y él no está en allí… Y aunque quisiera tampoco podría estar, porque cantaría más de la cuenta.

 

No tiene competencia alguna en la materia. Ni en seguridad, ni en prevención, ni en erupciones magmáticas, ni en vivienda. No hay nada de lo que esté pasando que forme parte de sus atribuciones y por eso Román, que es un animal del oportunismo, de la mercadotécnica, de la propaganda, de la manipulación del electorado, lo pasa muy mal. No lo soporta.

 

Choca con el comportamiento del consejero que realmente tiene las atribuciones sobre seguridad en esta comunidad autónoma: Julio Pérez, un hombre de destacada formación, de más de 70 años, jurista, que fue secretario de Estado con Felipe González. ¿Lo han oído ustedes hablar durante esta crisis? ¿Ha dado una rueda de prensa, ha contestado a los periodistas, llamado a esos mismos periodistas para granjearse sus favores a cambio de información más o menos privilegiada?... Al contrario, Julio Pérez ha elegido la discreción como principal aliada. Acompaña constantemente al presidente Torres a todos los actos públicos a los que acude pero él no hable la boca, no le disputa ni un solo segundo de protagonismo a su presidente o acompañantes. Es invisible.

 

Mientras, Román se desgañita. Escribe comunicados comprometiéndose a comprar viviendas cuando no es su cometido. Aparece en la televisión pública mañana y tarde para dar la impresión de que está, critica con hosquedad el buitrismo de determinados periodistas que llegan a la isla a hacer caja sobre la desgracia ajena.

 

Es duro cuando se refiere a ese tipo de comportamiento. No da nombres pero todo el mundo sabe a lo que se refiere. La Palma está llena de profesionales del morbo que presionan sobre la sensibilidad de ciudadanos que lo están perdiendo todo para que exterioricen sus lágrimas y su infierno interior. A cualquiera de nosotros nos revolvería el estómago. Pero creo que al vicepresidente no. Tiene el estómago de acero. Hay un cinismo que, como la ceniza de un volcán, se va recogiendo en determinadas profesiones, que con el paso del tiempo te muta la piel en algo impenetrable donde ya no se siente nada. Ni el dolor de un niño ni de un adulto. Lo único que duele es la ausencia, que los demás te ignoren.

 

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