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Divididos y vencidos

Francisco Pomares

 

Un chiste hebreo cuenta que tres israelitas, cansados de la división política que vive su país, se reúnen a puerta cerrada para fundar un nuevo partido que busque la unidad de todos. Pasan las horas hasta que por fin abren la puerta y anuncian que no se han puesto de acuerdo para crear un único partido, pero han logrado crear cuatro. Cuatro, no tres.

 

A los afectados por el volcán de La Palma parece que les ocurre como a los judíos del chiste: desde que el volcán comenzó a escupir lava, palmeros de los tres municipios afectados se lanzaron a crear asociaciones, colectivos y plataformas ciudadanas en defensa de los afectados por el volcán, o sea, de ellos mismos. Ya van por once, si no incluimos en la cuenta el grupo inexistente de afectados, al que decía representar la exdiputada ciudadana Melisa Rodríguez. Además de las asociaciones (independientes unas de otras) creadas por los vecinos de Las Manchas, La Laguna, La Bombilla, Todoque, El Remo y la más reciente del Camino de Pampillo, están la Plataforma de Afectados por la Erupción del Volcán Cumbre Vieja 2021, la Asociación Tierra Bonita y la Asociación Volcán Cumbre Vieja.

 

Y, por supuesto, la ya disuelta Iniciativa Ciudadana en Defensa de los Afectados, constituida con la intención de integrar a todas las asociaciones, pero que duró apenas para convocar la multitudinaria manifestación de finales de febrero en Los Llanos de Aridane. Se dijo entonces que la unión de los afectados era lo único que importaba, que se había logrado una unión definitiva de las entidades que representaría por siempre a los vecinos afectados, pero la cosa no duró mucho: la Iniciativa se había distinguido por un lenguaje bastante beligerante con el Cabildo –gobernado en comandita por el PP y el PSOE- y parece que comenzaron a producirse maniobras orquestales en la oscuridad que acabaron por dividirla primero y disolverla después. Es curioso que la única asociación de damnificados desmontada en La Palma, fuera la que pretendía representarlos a todos.

 

Ahora, ya no existe ni unidad de acción, ni una sola voz que hable por todos, sino las once representaciones entregadas cada una a resolver su particular problema. Quizá por eso, las cosas siguen bastante paradas, al albur de lo que decidan hacer las administraciones.

 

Y es que once parecen ser demasiadas organizaciones para atender a las menos de 2.500 personas cuyas viviendas o intereses quedaron directamente afectadas por la erupción.  Muchos de esos negocios o viviendas completamente sepultados por la lava. Once organizaciones de su padre y de su madre, pugnando por representar la voz de los palmeros más castigados por el volcán, a los que ocho meses después, todavía no se ha logrado siquiera reubicar completamente –según Cruz Roja quedan 300 personas pendientes de ser recolocados en algo que se parezca a un hogar- y que siguen provisionalmente hospedados en los hoteles Fuencaliente, Valle de Aridane y H10 Taburiente Playa, esperando que alguien les asigne un domicilio más permanente.

 

Son muchas familias las que soportan aún una situación idéntica a la que las sacó de sus casas el 19 de septiembre: desplazados y sin perspectivas inmediatas de encontrar donde vivir con un poco de intimidad e independencia. Del total de las 1.676 edificaciones que resultaron afectadas, el 80 por ciento -1.345- eran viviendas de uso residencial, según los datos oficiales. En la segunda semana tras la erupción, el Gobierno de España concedió la primera ayuda directa de 10,5 millones para comprar viviendas y enseres, que fue entregada al Gobierno regional el 5 de octubre. Antes de acabar el año, el Consejo de Ministros había aprobado en total 400 millones de euros, a los que se sumaban los 110 aprobados por el Gobierno de Canarias, y el dinero –nunca revelado en su totalidad- que llegó de la ayuda solidaria de miles de personas, entidades y organizaciones movilizadas por la catástrofe palmera. Si los palmeros hubieran encontrado la forma de ponerse de acuerdo, de apoyarse unos a otros, y enfrentarse juntos a las promesas incumplidas y a los compromisos con demora de la Administración, las cosas quizá serían distintas y algo mejores. Pero al final, se ha impuesto lo de siempre, el “divide y vencerás”. Y con la derrota, el desánimo y la apatía.

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