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Marimar Duarte, medusas, cabras y fascinación por el mar

 

  

La artista expresa mediante la pintura, y casi en cualquier soporte, su pasión por el medio marino y por los animales

 

  • Lancelot Digital
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    -¿Por qué ese placer por pintar?

    -Coger los pinceles y las pinturas es un descanso para mi alma, el primer paso de una forma de comunicación intrínseca, sin necesidad de valoraciones externas, es una soledad plena que alimenta a mi energía vital. Crear, inventar, pensar u ordenar pensamientos y pasos que dar en mis obras, sean lienzos o piezas u otros soportes, me llenan los días y a veces también las noches, mis proyectos llenan mis sueños con creaciones, borrones y cuentas nuevas.

     

    -¿De dónde crees que te viene? ¿familia, educación?

     

    -El arte y las herramientas para crear vivieron en mi casa desde siempre, tubos de óleos, paletas, lienzos vírgenes, medio pintados, proyectos a carboncillo, aguarrás, … mi padre pintaba cuadros y frescos en las paredes de nuestra casa, de las casas de amigos y familiares. Los cuadros de mi casa eran de mi padre y de amigos pintores.

     

    Siempre tuvimos libros de arte a mano y los consultábamos con él como el que hojeaba revistas o cuentos infantiles. Recuerdo las pinturas del Bosco, de buscar detalles con mis hermanos como si buscáramos a Wally hoy en día y mi madre, a pesar de haber sido maestra y logopeda, ahora jubilada, es una artista con un gusto exquisito que se equivocó de carrera. Ella te hace un proyecto de reforma o de decoración en tu casa sin ningún trabajo, el diseño de un mueble, una instalación de navidad, unas trenzas espectaculares, tocados, calados o te hace un vestido o te cambia el gusto, de tener uno que no te favorecía, arreglarlo tan bien que pasa a ser tu favorito.

     

    Como mi madre o mi padre, elegimos carreras que nos gustaban pero no la de nuestra pasión como es la de Bellas Artes. Me gustaría reivindicar una facultad de BBAA en Lanzarote, una isla que pare artistas a diario, además de ser una fuente de inspiración a visitantes del mundo que la conocen y la aman de por vida, sería ideal traernos esta facultad para estudiantes de cualquier país porque la isla atrae a quien no la conoce pero a quién la conoce lo atrapa con su belleza, con la idiosincrasia de sus habitantes, sus paisajes, sus volcanes, su gastronomía, su belleza inhóspita y su mar.

     

     

    -¿Qué necesitas para pintar?

    -Para crear necesito sosiego, tener todo controlado y saber que ese tiempo es de verdad para mí. Suelo estar inspirada, no me faltan ganas de crear con lo que cualquier rato es perfecto. Cuando creas, tu cabeza, sin querer va hilando pensamientos y temas, va organizando conceptos, ideas, necesidades a plasmar y lo que quiero crear, casi que lo veo antes de hacerlo. Los fines de semana, que todos duermen, me levanto a las seis, hago yoga o estiramientos, desayuno, voy a la huerta a ver cómo va todo, todo, riego y luego me voy en el taller, si puedo, hasta el mediodía.

     

    -¿Musas, inspiración o eres una pintora de método?

    -A veces pinto, o a veces monto joyas efímeras, exclusivas y para lucirlas en días especiales. No siempre estoy pintando. Aunque pinto cuadros, los textiles son mi debilidad. Comencé con óleos porque era lo que tenía a mano, de mi padre pero cuando conocí los acrílicos me quedé con ellos. Suelo pintar con acrílicos aunque también uso las acuarelas y trabajo los collages, que me encantan. La gente me pregunta de dónde saco el tiempo, cuando tienes una pasión exprimes hasta las noches, pintar es mi terapia.

     

    -¿Mejor en un lienzo que en una vajilla o depende de las circunstancias?

    -Depende del proyecto que tenga entre manos, la pintura es mi medio, puedo tener sedas en el taller o vajillas, telas que decoro para tapizar o pendientes o lienzos, o simplemente una camiseta para alegrar. La cabeza ordena a las manos. Tienes que tener claro en la cabeza lo que quieres que las manos hagan, pero muchas veces y sin órdenes, las manos fluyen con los pensamientos y creas, simplemente creas porque lo necesitas, porque es tu alfabeto para comunicarte. Pinto en el suelo o en una mesa, pero rara vez en un caballete.

     

    -¿Cómo entiendes el color, muy importante en tus obras?

    -Mi paleta es fría, índigos, azules, verdes, morados o turquesas que entremezclo con algún amarillo o naranja. Los colores fríos me aportan serenidad y amplitud, los contrastes entre ellos hacen que se equilibren y que se resalten unos con otros.

     

    -¿Cuánto tiempo le se le sueles dedicar a tus cuadros? ¿O… depende de la obra?

    -Todo depende del ánimo y de la exigencia en lo que es tu perfección, frecuentemente das una obra por terminada y otras veces te casas con ella y no hay manera de acabarla, vuelves a mirarla y te faltan detalles, vuelves a cogerla y a repasarla, muchas veces hay obras que mantienes en el taller y las das por inacabadas pero llega un día, en que incluyes lo necesario y la concluyes porque era lo que te faltaba.

     

    -¿Cómo fue tu exposición en el Real Club Náutico?

    -Fue bien, me di a conocer al mundo con mi primera individual, salí del anonimato y me encantó. La visitó mucha gente que no me conocía. Tuve un regalo muy especial ese día, el violonchelista de la Orquesta Nacional, Ángel Luis Quintana, escribió una obra para mi exclusivamente y la interpretó el día de la inauguración con otras dos obras más. La música envolvió la sala y los corazones de los que allí estaban con una energía mágica y vital. Hay mucha gente que se interesa en el arte, lo compre o no pero lo más interesante es que vienen a ver lo que haces y para mi es muy importante. Comprar e invertir en artistas locales desconocidos es simplemente una maravilla para ambos. Estoy muy agradecida a los que la vieron pero también a amigos especiales que por enfermedades graves y a otros que por temas de confinamiento no pudieron asistir pero que sus palabras de ánimo me emocionaron más de una vez.

     

    -¿Cómo has vivido la pandemia del COVID 19 desde el punto de vista creativo?

    -Pues fue una época creativamente hablando bastante deprimente. No creé, no pinté y nada proyecté durante ese tiempo de incertidumbre que me agotó las energías.

     

    -¿Has echado en falta las exposiciones, las muestras…?

    -¡Claro que sí! Pero como todo lo desconocido, hasta agradecías que no hubiera nada para no favorecer el contagio, agradecías poder vivir entre tanta noticia triste, todo se ralentizó y paró al mundo, algo que nadie consiguió entre tanta cumbre por el clima,

    “por las buenas”.  Hay grandes obras y de grandes artistas que nacieron en pandemias y en epidemias. Edvar Munch, se pintó a sí mismo en “El grito”, una época donde perdió a muchos miembros de su familia por la tuberculosis.

     

    -¿Te has resentido por la paralización de la cultura en estos meses?

    -Cuando piensas en sobrevivir, la propuesta es tan primitiva que todo te sobra. El miedo a lo desconocido, a la “singularidad” de un peligro que no se conoce y que está en el aire del que cualquiera que expire o respire, que cualquiera transmita, sin ideología, raza, religión o profesión te ponía entre las cuerdas. En una época y aún seguimos con daños colaterales, donde lo importante era vivir, cualquier propuesta de visitar exposiciones, obras de teatro o conciertos, era impensable. Nada se conocía y todo se paralizó, entre todo, se apagó la cultura, un sector económico y social con una identidad propia que jamás dejó de funcionar y se ahogó entre los millones que lo hicieron, una muerte entre la vida.

     

    El Mar, siempre el mar

     

    -El mar ya lo llevo en mi nombre pero siempre estuvo presente en mi vida, tanto en mi infancia como en el resto de mis años. A pesar de ser una fuente de energía, una autopista para los desplazamientos en barco, una despensa y un basurero en los tiempos que corren, el mar es una imagen que necesitamos ver y sentir los isleños. Es esa enorme masa de agua salada y un medio inmensamente rico que nadie que nos visite o que viva entre nosotros debería dejarlo de conocer, haciendo snorkel o acompañado de un profesional.  Las entrañas del mar, aunque bajes a dos metros y veas un fondo de aguas someras, son espectaculares, ver al pescado, a los crustáceos en su medio o las rocas llenas de algas danzando al son de las olas puede ser algo inolvidable para quien no lo conozca y además algo necesario para quien lo conozca.

     

    Nos cargamos la tierra y ahora vamos a por el mar. Por descuidos involuntarios y por vertidos voluntarios y sin conciencia, hoy en día es el basurero de moda, llenamos el mar diariamente de residuos que no nos gusta tener o ver en la tierra, que no sabemos dónde poner como es el caso de la industria textil y sus vertidos a los ríos,… y al mar finalmente. Matamos cada día sin fusil y sin anzuelo a miles de animales anónimos que pierden sus vidas por inanición, aún con los estómagos llenos … pero de plásticos. Pinto el mar y a los seres que lo habitan como los conocí de pequeña, como me lo imagino, sosegado o bravo, pero con ese equilibrio. Los colores del mar me fascinan y las medusas … esos seres por los que siento un magnetismo innato, me chiflan, sutiles, sublimes y llenos de raíces flotantes, armoniosas y sinuosas que jamás se anclan a nadie que no sean sus presas. Se dejan llevar por las corrientes, con esas danzas de humo que hipnotizan, ligeras, con esos brazos flexibles que bailan al son del mar con material urticante y que despistan con jugadas estratégicas en las que muchas veces y dependiendo del tipo que sean, no le perdonan ni la vida al ser elegido.

     

    Últimamente pinto cabras, las necesito en el medio ambiente porque no las veo. Las pinto para tenerlas cerca, un animal manso, cercano que tanto nos dio en las estampas de nuestros paisajes y que en épocas de hambruna, no solo aportó carne, pieles y leche, colaboró comiendo malas hierbas en las fincas abandonadas, malezas o terrenos, equilibrando la balanza del abandono visual de espacios. Hoy en día las tienen en corrales, siendo animales de fuerte complexión, comiendo piensos que no dudo de su valor alimenticio pero la cabra quiere monte y no se lo ofrecen, una enorme pena para un animal sociable, libre e inteligente con una memoria prodigiosa que necesita espacio para moverse, escalar y comer hierba.

     

     Entrevista publicada en el periódico Lancelot del mes de enero

     

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