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Carta abierta a Francisco Franco Bahamonde

Por Sigfrid Soria del Castillo Olivares

 

Querido Francisco,

 

Nací en 1962, por lo que cuando falleciste tenía 13 años. El recuerdo que tengo del día de tu fallecimiento es que, estando en 8º de EGB, se palpaba un sentimiento generalizado de profundo dolor. Lo único positivo que viví aquel jueves 20 de noviembre de 1975 es que las clases se suspendieran y me librara de un examen de lengua para el que no había estudiado absolutamente nada, alegría que tuve que contener porque el ambiente no lo percibía yo como para bromas. A mí la democracia me forjó y me caló, siendo actualmente un demócrata convencido y un firme opositor a las dictaduras.

 

Tuve la maravillosa oportunidad de crecer con libertad de pensamiento y ello me hizo analítico y crítico.

 

Te dirijo esta carta para agradecerte algunas cosas y reprocharte otras, aún a sabiendas de que algunos van a ponerme a caldo por el capítulo de los agradecimientos, pero, ¿sabes?, esta es una de las magníficas ventajas de la democracia: la libertad de expresión. Asimismo, me dirijo a ti porque en este momento eres trending topic, es decir, estás en el ojo del huracán informativo porque van a exhumar tus restos sepultados en la Basílica del Valle de los Caídos, y es que, aunque tú no determinaste que allí te sepultaran, así lo hicieron. Por cierto, te va a exhumar un Gobierno de España que ha priorizado como asunto de Estado exhumarte a pesar de que estamos bajo un brutal chantaje separatista y con una importante crisis económica en ciernes. Eres toda una cortina de humo.

 

El primero de los agradecimientos es el de habernos librado de caer en aquella dictadura del proletariado que quería implantar el PSOE, dictadura que, acuérdate, pretendía ser un calco de la que ya había en la URSS de Stalin. Así lo hiciste en 1934 cuando te lo encargó la II República y así lo hiciste también, esta segunda vez motu proprio, en 1936 junto a tus compañeros generales Sanjurjo, Queipo de Llano y Mola. Menos mal que tuviste éxito, porque de no haberlo tenido, España hubiera corrido el mismo triste destino que la URSS. El segundo de los agradecimientos es el de habernos librado de participar en la II Guerra Mundial y felicitarte por cómo le tomaste el pelo a Hitler en Hendaya. Conseguiste darle esquinazo y no cediste un ápice ante sus estratégicas exigencias que, de haber claudicado, seguramente España hubiera sido nazi y el III Reich hubiera tenido más opciones de haberse salido con la suya. Qué curioso que el ministro de exteriores que llevó el Führer a la cita en los Pirineos fuese el mismo que firmó con Stalin el pacto de no agresión Alemania-URSS 14 meses antes; quizás fue eso lo que incrementó tu admirable cautela. También te agradezco haber tenido la sensibilidad que tuviste para con la clase obrera al haber legislado en favor de ella y dotado de unos derechos como nunca antes se hizo y como nunca después se ha hecho. Por eso afirmo que fuiste un militar apolítico que aplicó políticas socialistas pero que tuvo muy claro siempre a dónde llevaba el socialismo y cómo golpeaba el comunismo; no en vano tuviste como referente el desastre de la URSS, el de China y el de Yugoslavia; así como también tuviste como referente el infierno al que abocaron a sus países dos socialistas tan relevantes como Mussolini y el propio Hitler.

 

Pero no puedo evitar recriminarte que tardaras tanto en dejar el poder, de hecho, lo dejaste porque no te quedó más remedio, y eso estuvo muy mal. La inmensa mayoría de españoles entendieron, y entendemos, que fue mejor tu golpe que el otro posible, el del PSOE, que nos hubiera convertido en una dictadura marxista leninista. Aquella República estaba maldita y tenía solo dos salidas, la de Largo Caballero-Stalin y la tuya. Sin embargo, bien podrías no haberte creído posteriormente una designación divina para liderar el destino de los españoles y haberles dejado en algún momento liderarlo a ellos mismos. Podías haber hecho una transición pilotada por ti hacia una República, aprovechando que la Monarquía había huido, voluntaria y vergonzosamente, por la puerta de atrás en abril de 1931, y te hubieras cubierto de gloria para toda la eternidad. Te enrocaste y perdiste la perspectiva, cuando podías haber sido una opción salvadora imprescindible en 1936 y haber restablecido la democracia en 1964, por ejemplo. Esta reflexión que te hago a toro pasado no ha de sorprenderte; recuerda que tu colega el general Queipo de Llano se alzó en 1930 contra la dictadura de Primo de Rivera con el objetivo de restablecer la democracia en forma de República; y tú mismo prolongaste la II República salvándola del golpe del PSOE en 1934. Tú sabías luchar por la democracia, lo demostraste en Asturias, pero se te olvidó.

 

En 2019, los españoles te juzgan desde la más completa ignorancia respecto a cuál era la dramática e insostenible situación de España, arrastrada desde hacía décadas, que tú corregiste; y no solo te juzgan desde la ignorancia, sino con el ideológico tamiz de quienes propiciaron aquella barbarie, que son quienes afortunadamente perdieron la guerra civil. En fin, te van a exhumar al amparo de una bastarda ley llamada “memoria histórica”, tal y como anunció el impresentable presidente socialista actual en el plenario de la Asamblea General de la ONU, ese mismo plenario en el que el 21 de noviembre de 1975 todos los delegados guardaron un minuto de silencio puestos en pie y con la bandera de Naciones Unidas a media asta, rindiéndote tributo.

 

Gracias por haber amado tanto a España y por velar tanto por el bienestar de los españoles. Gracias otra vez por haberte tomado tan en serio los derechos de los trabajadores, la atención a los más desfavorecidos y la protección de la familia. Y gracias por habernos librado de las garras del alienante comunismo y mil gracias, en definitiva, por haber situado a España en el escenario internacional, sin paro, ni deuda. No sé si cumplirán la Ley y te harán Honores de Estado al exhumarte, aunque seguramente por lo que estarás más abochornado será por el papelón de la Iglesia Católica al olvidar que fuiste tú quien acabó con los asesinatos indiscriminados de sacerdotes y monjas por parte del PSOE, PSOE que ahora veja tu memoria por venganza, con el visto bueno del Vaticano. Ganaste a los socialistas dos veces, evitaste que impusieran su dictadura y les diste una lección con tus innumerables medidas socialistas; no te lo perdonan.

 

Sigue descansando en paz.

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