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La memoria silenciosa

 

Por Alex Solar

 

“En España se prevé que en 2030 casi una cuarta parte de la población supere los sesenta y cinco años. Hoy la demencia afecta ya aun 6,3 % de la población mayor de sesenta años y somos el cuarto país con mayor prevalencia (cantidad de nuevos enfermos por año) del mundo. En edades más avanzadas, la prevalencia crece enormemente. Así, en Europa, la demencia afecta a un 14% de los hombres y un 16% de las mujeres de entre ochenta y ochenta y cuatro años. Actualmente, en la Unión Europea hay siete millones de personas afectadas por la demencia, de las que cerca de ochocientas mil viven en España”. El párrafo que transcribo textualmente pertenece a un libro que debería ser de lectura recomendada en muchos sitios (bibliotecas públicas, escuelas, centros de mayores, etc.) y que pertenece a dos eminentes neurólogos, los doctores NolascAcarín y Ana Malagelada, autores de “Alzheimner, Envejecimiento y demencia” (RBA, 2017).Acarín, que ha sido presidente de la Societat Catalana de Neurología, miembro de la Real Academia de Medicina de Barcelona, y la doctora Malagelada, veinte años dedicados al tratamiento de enfermedades neurológicas, lo explican muy bien en este libro divulgativo que ayuda a definir este mal tan extendido y del cual nadie está libre, por desgracia.


Cuando alguien comienza a experimentar pérdidas de memoria suele alarmarse, porque piensa que es víctima de esta enfermedad (en adelante EA) descubierta por primera vez en 1906 por el neurólogo alemán Alois Alzheimer. Pero no todo el mundo que sufre pérdida de memoria reciente es un posible afectado y las fronteras entre la EA y la demencia de varios tipos tiene límites difusos que no pueden ser precisados sino con estudios y exploraciones médicas específicas. Puede ocurrir, según la casuística expuesta en esta obra, que los que sospechan padecer la temida enfermedad solamente sufran un leve deterioro cognitivo y, en cambio, los verdaderos enfermos no solo lo nieguen cuando son llevados a consulta sino que rara vez sean conscientes de ella. Como suelen decir algunos galenos, “no hay enfermedades sino enfermos” y en la EA su patología y desarrollo ulterior depende de las zonas del cerebro afectadas, puesto que los síntomas difieren si es la zona temporal o la frontal.
No es posible abarcar la inmensidad de aspectos que rodean la EA en esta breve reseña y solo recomiendo a los familiares de enfermos y a sus cuidadores que se hagan con un ejemplar. Está destinado a todos los públicos y además de descripciones científicas cuenta hechos curiosos, como que en la antigua Roma los patricios de cierta edad (aunque en aquella época eran raras las que sobrepasaban los 40 años) se hacían acompañar de mozos con buena memoria que les ayudaban a recordar los nombres de aquellos conocidos y amigos que se encontraban en sus paseos. A estos lazarillos memoriosos se les llamaba “nomenclátor”, es decir “el que recuerda los nombres”.


También resulta curioso el caso de las monjitas estadounidenses de una congregación que donaron sus cerebros a la ciencia para ser analizados y cuyas defunciones se produjeron a una edad avanzada, más allá de los 90 años. Dos tercios de los cerebros mostraban lesiones típicas de EA, pero solo la mitad habían padecido la enfermedad. La conclusión de los científicos es que el deterioro cerebral se había visto paliado o detenido en muchos casos por la estimulación cognitiva, es decir el ejercicio intelectual provocado por la lectura y escritura.


En España, la estimulación cognitiva se detiene bruscamente con la jubilación, a edades tan tempranas como los 63 años de media. Por otra parte, el fracaso escolar que se traduce en escasos desarrollos de hábitos como la lectura y escritura predispone a tener una población futura vulnerable frente a la EA.


Los consejos para mantenerse a salvo de la enfermedad incluyen esta estimulación no solo cerebral sino física y cuidar la alimentación. Más pescado que carne, menos grasas, poco alcohol, nada de tabaco. La consigna sería, afirman los doctores Nolasc y Malagelada, no olvidar los tres ejercicios: físico, mental y social. El coste en sufrimiento y económico de este flagelo es enorme. En España alcanza l32, 372 millones de euros, lo que supone el 3,11% sobre el PIB , que en 2014 fue de 1.058.469 millones de euros. Las demencias son el problema sanitario que más recursos consume y el gasto anual por paciente se estima entre 27.000 y 37.000 euros. Y eso no es tal vez lo peor. El desgaste emocional de las familias es muy grande y la administración no está sobrada de recursos para ayudarlas.


Vladimir Nabókov, el autor de la celebrada y denostada “Lolita”, lo es también de una autobiografía titulada “Habla, memoria” que publicó siendo ya sexagenario, donde relata con lujo de detalles su infancia y juventud rusas. Cuando la memoria calla, sobreviene la tragedia de dejar de ser uno mismo. Y de acabar como en el poema “De vita beata”, de Gil de Biedma: “no leer, no sufrir, no escribir, no pagar cuentas, y vivir como un noble arruinado entre las ruinas de mi inteligencia”.

 

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