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2023: Más que nunca, desconfíen del poder

Gloria Artiles

 

 

Comienza 2023 y estoy desconcertada porque que no tengo ni idea de hacia dónde vamos como humanidad. Lo único que sé es que hemos olvidado demasiado rápido el fatídico 2020 y las graves consecuencias que el rastro de la pandemia ha dejado a la población, a la que veo anestesiada, se siente desarmada, impotente, llena de incertidumbre ante el futuro, y por tanto, presa fácil del control y la manipulación.

 

Como periodista, creo que es más importante que nunca la generación de una audiencia crítica que siga sospechando del poder en cualesquiera de las formas que éste se presente y siga desconfiando a priori de este intento de homogeneizarnos a todos y de hegemonizar esta pretendida nueva cultura que nos quieren imponer. Hay que saber que el panorama mediático actual a nivel mundial se caracteriza, entre otros factores, por la alta concentración empresarial en torno al negocio de la comunicación y por una alianza sin precedentes a tres bandas en la que intervienen las potentes corporaciones tecnológicas (conocidas como ‘big tech’), destacados magnates multimillonarios (que actúan a modo de filántropos) y la connivencia de las instituciones públicas y organismos internacionales “supuestamente” fuera de toda duda.

 

Esta unión de intereses empresariales y políticos está promoviendo la configuración de una agenda mediática omnipresente (“Una mentira repetida mil veces termina siendo verdad”, Goebbels) con los mismos temas repetitivos que forman parte del pensamiento único, lo políticamente correcto, que sanciona socialmente, cuando no directamente censura, las posturas disidentes, y cuyo fin es influir y controlar a la opinión pública. Y se preguntarán ¿para qué?. Pues sigan siempre la pista del dinero y del poder. No falla nunca. Tras esos mensajes y consignas, se encuentran escondidos dos objetivos: por un lado, la obtención de cada vez más pingües beneficios económicos a través del intento de conducción de nuevos hábitos de vida y de consumo, y por otro, ejercer el control ideológico de la mente de la población para seguir conservando y aumentando el poder político.

 

Es decir, la avaricia desmedida y el afán de poder ilimitado. O sea, nada nuevo, lo peor del ser humano desde que el hombre es hombre, o la mujer es mujer (si lo prefieren). Pero quizá sí es más grave en este momento de la historia por el alcance masivo mundial que tiene el pensamiento impuesto gracias a los avances tecnológicos. Es el imperio de la posverdad, el intento de adaptar los hechos objetivos a la ideología, y no la ideología a los hechos. Y donde los verificadores de las denominadas ‘fake news’ o noticias falsas, -no lo olviden, financiados también por los poderes fácticos-, son en realidad verificadores ideológicos.

 

La sensación generalizada de desprotección, indefensión y de inseguridad nos deja inermes y nos entregamos fácilmente a “papá Estado” (y a sus aliados y medios financiados), que será el que venga a salvarnos y vele por todos nosotros, nos calme la desazón con sus mantras huecos sobre la “democracia”, nos repita que no dejará a nadie atrás, y que seremos más felices cuanto menos tengamos, menos carne comamos, menos energía gastemos cuando hace frío o menos aviones cojamos para disfrutar de nuestras vacaciones. Nos tragamos los sofismas construidos por los poderes dominantes, aun cuando los hechos nos demuestren lo contrario: que ahora somos menos felices, estamos más preocupados, algunos más deprimidos, viajamos menos, la mayoría nos hemos empobrecido y, sin embargo, ¡qué curioso!, unos pocos privilegiados de la clase política viven cada vez mejor.

 

Más allá del ámbito local, Lanzarote no es ajeno a lo que está ocurriendo a nivel internacional. Repito: desconfíen del poder, póngalo siempre bajo sospecha, investiguen por sí mismos. Aparte de la guerra de Ucrania, estamos ya de lleno inmersos en una guerra cognitiva, tal como los expertos en geoestrategia vienen señalando. La mente humana será el verdadero campo de batalla de este siglo, un combate que debemos empezar a librar cada uno de nosotros recobrando la reflexión propia y la libertad de pensamiento.

 

 

 

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