45.000 pavos

Francisco Pomares
Todo tiene un precio. Un coche usado, la reforma de una cocina, una campaña publicitaria o un asesor de comunicación. 45.000 euros es más de lo que cobra un periodista en sus primeros dos años de profesión. Pero menos de lo que uno supondría que cuesta pagar un encargo mafioso. No siempre resulta fácil calcular el precio de un trabajo clandestino. Y mucho menos cuando ese trabajo consiste en reuniones con gente poco recomendable, grabaciones al descuido, propuestas que no pueden contarse y operaciones destinadas a desacreditar jueces, fiscales y guardias civiles. 45.000 mil euros repartidos en dos años son un pellizco interesante, pero es verdad que no te convierten en millonario. No puedes comprar las joyas heredadas por Zapatero con 45.000 euros, es probable que cuesten diez veces más que eso.
45.000 euros son una cantidad escasa para justificar grandes riesgos personales y profesionales, y eso nos lleva inevitablemente a preguntarnos si lo importante era ese dinero o la promesa de incorporarse al círculo de confianza del poder, a la asociación de amigos de los cuatro del Peugeot. Muchas veces, las personas (quienes pueden permitírselo) no trabajan por lo que cobran, sino por la proximidad que les proporciona el cargo, los contactos o la promesa de ascenso. Eso abre una reflexión interesante sobre las redes informales que rodean a los partidos. Y también otra igualmente interesante sobre lo que estaba comprando exactamente el PSOE, cuando sus jefes decidieron contratar como periodista a Leire Díez.
Porque la defensa oficial de Leire nos la presenta como una asesora de comunicación, una periodista autónoma que prestó servicios técnicos. Pero la imagen pública que hoy tenemos de la fontanera Leire es muy distinta. No aparece como una profesional de la comunicación redactando notas de prensa o gestionando redes sociales. Aparece en reuniones, buscando información comprometedora sobre jueces, fiscales, guardias civiles y empresarios; ofreciendo favores, intermediaciones y operaciones de descrédito para proteger al partido y al Gobierno. Y haciéndolo, la muy atrevida, en nombre del PSOE. Ante auditorios en los que nadie, nunca, en ninguna ocasión, cuestionó siquiera un poquito que ella hablara por boca de ganso. Leire decía actuar en nombre del PSOE y la gente –desde luego- la creía.
Y ahí está la contradicción central: si Leire era una simple asesora de comunicación, al PSOE le ocurrió algo parecido a una extraordinaria casualidad. Contrató durante años a una periodista que, por pura coincidencia, terminó dedicándose exactamente a las mismas actividades de guerra sucia que hoy se investigan en varios juzgados. Y siguió manteniendo contactos con la dirección del partido mucho después de haber cobrado aquellos contratos.
Se podría construir toda una batería de preguntas en torno a una incógnita que el PSOE no ha sido aún capaz de responder: ¿qué se compra –que se paga- con 45.000 euros? ¿Un gabinete de prensa? ¿Una asesora de comunicación? ¿O alguien dispuesta a remover en la basura? Que el PSOE haya tenido que rectificar su propia información sobre lo que cobró Leire desde aquellos 15.000 euros iniciales a los 45.000 que de pronto parece que fueron, añade un elemento simbólico útil al caso. Es una cifra suficientemente relevante como para que nadie la olvide al revisar la contabilidad. La memoria socialista funciona últimamente igual que las cajas viejas amontonadas de un trastero: cada vez que son abiertas, aparece algo que nadie recordaba que estuviera allí guardado.
El PSOE sigue empeñado en convencernos de que pagaba a una asesora de comunicación, mientras lo que aparece ante nuestros ojos se parece cada día más a una amateur de la búsqueda de trapos sucios, reconvertida en voluntaria de la fontanería política. De todos los escándalos que hoy pringan al PSOE, de todas las operaciones destinadas a enriquecerse de algunos de sus líderes, de los esfuerzos equilibrios y malabarismos realizados por mantenerse en el poder… las actuaciones de la leal Leire -ni fontanera ni cobarde-, son a mi juicio las más perniciosas para la salud de la democracia. Una democracia que -antes incluso de que ella empezara a pedir en las reuniones la cabeza del guardia civil Balas-, estaba ya muy enferma.
Leire representa lo peor de lo peor de lo peor, que puede hacer un partido por mantenerse en el poder. Y todo lo hizo –parece- siguiendo instrucciones de su amigo y jefe, el secretario de organización del PSOE, Santos Cerdán. La leal Leire, fontanera de las cloacas del PSOE, cobro sus 45.000 euros y canonjías posteriores, para intentar desprestigiar los procedimientos judiciales incoados contra el PSOE, y a los jueces, fiscales, policías y funcionarios que los movieron, mediante el chantaje y el cohecho. Me pregunto cuanto estarán cobrando aún los cientos de Leires que siguen trajinando por ahí.