Lunes, 06 Abril 2026
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Por Alex Solar 

 

Los sucesos de las Ramblas nos han dejado a todos con el ánimo abatido. Un verbo que hemos escuchado en su acepción más siniestra y patética los días posteriores a la tragedia de Barcelona. Abatir, verbo transitivo que no significaba “matar” ni menos ejecutar a tiro limpio a personas o bestias, es sinónimo de “tumbar”, “humillar”. Encontrarse “abatido” es, pues, sentirse desanimado.

 

El uso de abatir en operaciones policiales o militares se ha extendido de manera abusiva y no conviene perder este hecho de vista. No sea que se transforme en un eufemismo que nos haga olvidar que estamos en en un estado de derecho, garantista, como señalaba un jurista. También llamaba la atención sobre este hecho el periodista Carlos Yárnoz (“Tirar a matar”, en EL PAÍS) que se preguntaba : “¿Qué ha cambiado para que nadie ponga en duda si los agentes actuaron correctamente o no?”. Este interrogante llega en un momento oportuno y abre un debate necesario, aunque sea espinoso. Porque recuerda que un viejo político conservador español dijo una vez que “el mejor terrorista es el terrorista muerto” y también porque el ex presidente francés Hollande dio la orden de “abatir” sin contemplaciones a los yihadistas asesinos, aunque allá se utiliza el verbo “neutralizar”. Sin duda, una acción urgente y preventiva de males mayores aconseja actuar sin dilaciones en ciertos casos y me figuro que existe un protocolo policial de obligado cumplimiento en aras a evitar males mayores. Hay quienes señalan la dificultad de dar en un blanco móvil a unos 30 metros, algo que se vio en las imágenes de Cambrils, donde once disparos fallaron su objetivo, siendo fatales y efectivos los últimos tres, cuando el terrorista armado con un cuchillo y un falso cinturón explosivo se encontraba muy cerca de los agentes que pretendían detenerlo.

 

Lamentablemente, tenemos malas noticias y razones para nuestro “ abatimiento”. El Estado Islámico ha conseguido superar en resultados las proyecciones más fantasiosas de otras organizaciones terroristas, que parecen haberse quedado obsoletas. La afirmación es del llamado Soufan group, un equipo de expertos en seguridad e inteligencia que asesora a servicios secretos americanos. El fenómeno de los guerrilleros internacionales, una movilización de carácter “privado”, se remonta a la Guerra de los Seis Días entre Israel y sus vecinos árabes. Miles de milicianos provenientes de esos países se unieron al combate y desde entonces han estado presentes en todos los conflictos bélicos en el mundo árabe. Actualmente hay unos 30 mil hombres luchando como “foreign fighters”, de los cuales la mitad están en Siria. Los que han vuelto no se han convertido automáticamente en terroristas, pero solo se necesitan unos pocos para constituir una célula, como se ha visto en Europa. Y ya existe una cuarta generación de terroristas que es completamente occidental y que pertenece a la era digital.

 

Será difícil “abatir” al Estado Islámico, porque no se pueden bombardear ideologías o mentalidades. El problema no es la gente sino su religión, y cuando algunos creen que un dios guerrero les dicta leyes que es preciso obedecer, no hay nada que hacer, porque en ese caso van primero en contra de sus hermanos de religión o de etnia que se alejan de esa interpretación totalitaria, y luego a por el resto de los que no comulgan con sus ideas.

 

 


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