Jueves, 17 Septiembre 2026
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD

Erica Cerdeña

  • Lancelot Digital

 

Hace años me quedé fascinada al escuchar por primera vez una charla del filósofo Alan Watts que se titula “The Nature of Consciousness” (La naturaleza de la conciencia). En Internet es especialmente popular solo un fragmento de ese discurso, pero no vengo a hablarte de ese hoy. Quiero hablarte de cómo empieza Watts.

Desde que descubrí esa charla acudo a ella de forma recurrente. Me ayuda a desbloquear, a reflexionar, a bajar revoluciones, y a veces, tal y como me pasó hace unos días, a ver ciertos asuntos con una perspectiva diferente. Él empezaba con algo así: “Si despiertas de esta ilusión y comprendes que lo negro implica lo blanco, que el yo implica al otro, que la vida implica la muerte, o mejor dicho, que la muerte implica la vida, puedes sentirte a ti mismo, no como un extraño en el mundo, no como algo que está aquí a prueba,  no como algo que ha llegado aquí por casualidad, sino que puedes empezar a sentir tu propia existencia como algo absolutamente fundamental”.

Si hay algo que pone a prueba mi equilibrio, estos son el odio y la injusticia, y cada vez hay más y más. Se crean desde gabinetes institucionales o desde el sofá de una casa, y se difunden en forma de mensajes altamente adictivos a través de las redes sociales. Es imparable, y desequilibra aún más. Y así, a tientas, a la patita coja del corazón, nosotros los compramos. Y al comprarlos pagamos un alto precio.

Nuestra inestabilidad crece y crece a medida que repetimos la operación, hasta que todos allá afuera son el enemigo. Incluso dentro de nuestra casa o nuestro trabajo. Los de allá afuera no entienden, no saben, quieren quitarme lo que es mío, no se puede confiar en ellos, me amenazan…

Ellos, los que están por fuera. Fuera de mis fronteras.

Y cuando ya no puedo más le doy a play:  “Si despiertas de esta ilusión…”.

¿Qué fronteras? ¿Quién las puso ahí? ¿Fui yo?, pienso.

Entonces imagino un mundo maravilloso, todo marcado por líneas y muros, sin nadie con quien compartirlo. Todos se fueron. Ellos ya no están, ni dentro ni fuera, y me siento sola, y esto ya no se parece a la vida.

Despierto de pronto de mi ensoñación y Watts sigue hablando. Sonrío.

Sin ellos yo no soy. Ellos son yo, y yo soy ellos. Todos somos importantes y fundamentales. Juntos.

El antídoto ha sido certero.

Recupero el equilibrio.

Sigo sonriendo.


PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Cicar
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
×