Canto a la esperanza, eliminando tóxicos

Por Antonio Coll
En la plenitud de la Navidad y en pleno fragor de compras, comidas entre familiares y amigos, escribo sin poder ser indiferente ante el porvenir de la isla de Lanzarote. No puedo olvidarme del pasado para contemplar los designios del nuevo año que, en breve, se inicia. Con mucha sensibilidad, expongo este mensaje a la esperanza, porque se necesita, porque todos los lanzaroteños y residentes participamos en un mismo recorrido, con la ilusión de que el próximo año, parte de nuestros deseos se cumplan. Pero la vida no es un juego de azar. Dependemos de muchos factores, para que la isla encuentre la buena estrella que la ilumine para navegar con el mejor timón y hallar el rumbo de la prosperidad. Es cierto que hay que sortear muchas “tormentas”, que en el caso de Lanzarote, son “intensas”, “amenazadoras” y “persecutorias”. Y en este clima, el avance es lento, lleno de incertidumbres, que nos arrastra a situaciones desesperantes. Y esto ocurre porque todavía, en la isla, prevalecen muchos mediocres, con una intelectualidad desorientada, siempre con el ánimo de hacer daño, de frenar el progreso, hasta el punto de que su estupidez se convierte en “locura”. Sirva de ejemplo, la persecución a un emblemático empresario lanzaroteño, Juan Francisco Rosa, que lo único que le orienta es invertir y construir obras modélicas que hasta el propio Manrique le aplaudiría. Es solo un ejemplo, una muestra clarificadora para centrar mi mensaje, cuando hago un canto a la esperanza, sobre todo para los más desfavorecidos que necesitan que la economía siga creciendo, para crear más puestos de trabajo. Pero no, a determinadas personas y grupos tóxicos, no les inquieta a los desamparados, sólo le guía el egoísmo, el rencor y una actitud destructiva. Abanderan un ecologismo y progresismo demagogo y tramposo. Algunos se meten en política para, desde sus puestos públicos, seguir sembrando cizaña, paralizar proyectos y afianzarse como defensores de un modelo territorial obsoleto. No defiende un turismo sostenible para el desarrollo, que reduzca la exclusión social, el paro y la pobreza. Son unos auténticos falsos cuando dicen defender los valores culturales, medioambientales y nuestro patrimonio. Solo les guía una “mentalidad populista”, pero desprecian la libertad individual, la libertad económica, aunque ellos viven con un poder adquisitivo bastante alto, que ya les gustaría poseer a una buena parte de los habitantes de la sociedad lanzaroteña. No les importa que el Paraje de La Geria se convierta en improductivo. Quieren los planes de planeamientos urbanos y territoriales, a su medida, para sacarle provecho dinerario y demostrar su poder, pero sin crear riqueza para el pueblo. Imbéciles y totalitarios. Afortunadamente, la buena gente de esta tierra ya se está despertando y captan mejor a los que cultivan el odio, con el objetivo de dividir a la sociedad para sacar rédito y controlar a la gente, desde una hipotética influencia en el poder político y social. Solo es codicia y ambición, sin sentido.
No me guía la exaltación en este contexto. Me guía el hartazgo y el cansancio de ver mucha “parálisis” en mi isla, cuyo potencial es inmenso, para que todos podamos vivir dignamente. Pero hay que excluir a los verdugos de falsos ideales, de las personas tóxicas que solo intentan arruinar a la isla.
En estas fechas navideñas, solo deseo que, en el ánimo colectivo, prevalezca la esperanza, la concordia y la paz. Que para el próximo año, se puedan sortear muchos obstáculos y podamos encontrar un horizonte más diáfano y nítido.
A todos, bienestar y progreso para el 2017.