Domingo, 05 Abril 2026
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 Por Lorenzo Lemaur

 

*Mar*


Mar se sentía sola y decidió tener otro hijo.

 

Ya había sido madre en innumerables ocasiones y ahora, con algunos siglos mas, sola en esta zona del Atlántico, echaba de menos haber renunciado a la crianza de sus anteriores hijos. Su renuncia nunca fue por egoísmo personal, sino por generosidad. Sabía que había muchas más sedientas de crianza pero infértiles.


Ella era inmensamente fértil pero no era capaz de criar a un niño más que en los primeros siglos de vida. Una vez transcurrían los años, su pacto con Universo, la obligaba a acabar con esa vida creada. En ocasiones consiguió engañar a Universo, entregando esas criaturas a otros tutores, para no tener que sacrificarlas. Cada vez que una criatura suya moria, su alma se quebraba. Despertaba una tormenta, un llanto sin consuelo.


Mar se sentía muy sola. En esta ocasión había decidido desafiar a Universo. No renunciaría a esta criatura cuando naciera; no quería esta vez cumplir el pacto antiguo. No podía perderse una vez más la sensación de ser Madre.


Pero los vigias de Universo, la observaban constantemente y ella sabía que debía ser hábil y esconder su maternidad celosamente

.
Cuando nació su nueva hija, ella se mantuvo en calma. No quería que Universo oyera su dolor, dando a luz. Ni el llanto de su nueva criatura al nacer. Se escondió entre islotes, mantuvo en calma su ímpetu, su mente estaba ausente. Universo no podía vigilarla en ese estado. Ella conocía al viejo Universo, y eso le daba ventaja para engañarlo esta vez.
Nadie supo que su hija había nacido. Era su secreto. Ni los vigias conocían de la existencia de esta nueva criatura.

 

Sin embargo, Mar conocía su dificultad para proteger al nuevo ente que había nacido y después de un tiempo escondida con su hija, supo cómo lo haría en esta ocasión. Debía pactar con otros, para que su hija pudiera crecer a su lado, sin cumplir con Universo.


Reunió entre aquellos islotes, el reducto para amamantar a su hija, a tres personas. No fue una reunión amistosa. Pero su poder era enorme. Esas personas fueron convocadas después de una enorme tormenta que ella provocó.

 

Los convocados eran tres hombres, conectados a Universo pero con propias ideas. Temían tanto a Universo como a Mar. Así que asistieron a la reunión sin preguntarse nada.
Cuando llegaron, Mar estaba en calma. Les invitó a sentarse en uno de sus arrecifes, y les habló de su plan para proteger a este ser que amaba. Les dijo que les daría calma y frutos por muchos años si le ayudaban a proteger a su hija durante toda su infancia. A vigilar a los vigías de Universo, ávidos de acabar con su criatura.

 

Mar, comenzó a hablar. Su tono era bajo; no quería asustar a los elegidos. Y no quería que los vigías la oyeran. El primero de los elegidos, preguntó, con timidez, el porqué de su elección. Mar, sonrío, con una sonrisa franca y cálida y le dijo: "Eres la Unión. Y te necesito para mi hija". El segundo, que oía con respeto, añadió : "tampoco sé porqué yo". Mar lo miró con dulzura y le dijo: "Eres la Sensatez". Seguidamente, se dirigió al tercero, (era un hombre reservado y algo huraño pero justo). Y dijo: "Eres el diálogo y la Justicia". Los tres debeís proteger a mi hija, durante su vida, para que sea larga.

 

Mar se levantó con ímpetu, alzó a su hija en brazos y con tono firme , mirando a los tres, habló de los peligros a los que se enfrentarían en este largo periodo de protección. "No teman a los vigías, su codicia es enorme, pero desconocen este nacimiento. Envidian la luz, porque viven en tinieblas. No pueden ver a los elegidos, pero pueden oírlos. Tienen diferentes formas, algunos os parecerán buenos y nobles pero no debéis caer en su trampa. Otros serán viles y crueles. Son envidiosos y fáciles de corromper pero temen a Universo y me temen a mi. Mi hija es fuerte, pero intentarán destruirla si conocen de su existencia. Se que mi hija no podrá evolucionar sin ser descubierta. Po ello, los vigías de Univerdi deberán ser desterrados, un día, para que mi hija pueda crecer. Y cumplir su obligación que no es otra que la que ya conocen ustedes; dar cobijo y sustento a las generaciones venideras.

 

Jamás debéis abandonar esa protección a mi hija, por eso tendréis una vida tan larga como la de ella. Pero si no cumplís con vuestro pacto, mi dolor será tan grande que provocaré una tormenta que destruirá todo lo que esté en su paso.

 

Ginés, Gabriel y José, fueron los elegidos para proteger a este nuevo ser; los elegidos para ver crecer a Arrecife.


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