Lunes, 16 Marzo 2026
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Mar Arias Couce 

 

 

La década de los años veinte del siglo XXI está siendo tan loca como la del siglo pasado, aunque de diferente manera. Ya iniciamos la racha en 2020 con una pandemia mundial que nos mantuvo a todos recluidos en casa durante meses y usando mascarillas y respetando las distancias sociales muchos meses más. Parecía el fin del mundo conocido, pero no lo fue.

No nos habíamos recuperado del todo cuando estalló un volcán en La Palma, una erupción que mantuvo en vilo al país por lo prolongada que fue y toda la destrucción que provocó, aunque por fortuna sin que hubiera que lamentar la muerte de nadie. La Dana de Valencia tampoco se quedó atrás, arrasando con vidas humanas, destrozando viviendas, infraestructuras y todo aquello que la fuerza del agua se llevó por delante. No nos recuperamos de una tragedia cuando nos sobreviene otra. Por medio, la guerra de Rusia contra Ucrania con toda su crueldad, la de Israel y Hamás o los enfrentamiento entre Armenia y Azerbaiyán… y el triunfo de Trump, y su incalificable política a golpe de cambios de opinión, con los aranceles siempre como arma arrojadiza que tiene a medio planeta temblando.

Lo que ya nos faltaba en Lanzarote, después de varios meses de inusuales lluvias y frío invernal, ha sido que la última calima trajera consigo un inconmensurable enjambre de langostas africanas que aterrorizó a más de uno. A mí, por ejemplo. Los vídeos que corrieron por las redes parecían anunciar una plaga bíblica para castigarnos a saber por qué, probablemente por seguir arrastrando año tras año los mismos problemas sin visos de solución. La mencionada invasión de insectos llegó un día después de que una columna de humo se erigiera hacia el cielo de la isla debido a un descomunal incendio en el que ardieron ni más ni menos que nueve guaguas y dos furgonetas…

Haciendo recuento, debo recordarle al de arriba que, de moscas, mosquitos y piojos, vamos servidos; lo del fuego con el volcán y los incendios, lo damos por apañado, ya hemos cumplido, y en esta isla podemos presumir de que nuestros camellos ya han visto de cerca el granizo… a ver si es posible que lo de la plaga de ranas, el agua que se convierte en sangre, el reino de las tinieblas cubriéndolo todo y la muerte de los primogénitos, si eso, ya quede para otra era. Nos comprometemos a mejorar, dentro de lo que nos sea posible, que me temo que tampoco será mucho, pero dicen que lo importante es la intención. Y nosotros, lo intentamos. De verdad, de verdad que lo intentamos. No más langostas.


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