Martes, 16 Junio 2026
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Francisco Pomares

 

Desde su creación, la gestión de la dependencia ha sido uno de los grandes fracasos de la administración regional. Miles de personas han aguardado durante meses o años una resolución. Las listas de espera crecieron de forma imparable, los expedientes se acumulaban y la discusión pública se centraba con frecuencia en cuestiones bastante pintorescas: cambios metodológicos en el cómputo (al estilo de lo que hace el CIS cuando cocina sus sondeos), reinterpretaciones estadísticas o anuncios grandilocuentes que apenas modificaban la realidad cotidiana de quienes esperaban una prestación.

 

La etapa de Podemos al frente de la Consejería estuvo marcada precisamente por la obsesión por el relato. Parecía más importante convencer a la opinión pública de que las cosas iban bien que conseguir que efectivamente mejoraran. Se hablaba mucho de dependencia desde la Consejería, probablemente demasiado. Cuando una administración necesita explicar constantemente sus éxitos suele ser porque la ciudadanía no los percibe.

 

Los últimos datos sugieren algo distinto. Canarias es, según el último informe del Observatorio Estatal para la Dependencia, difundido ayer, la comunidad autónoma que más ha mejorado su sistema de dependencia en 2026. El Archipiélago lidera el aumento de personas beneficiarias con prestación, con un crecimiento del 22 por ciento respecto a 2025, y también registra una de las mayores reducciones de la lista de espera que ha menguado proporcionalmente, casi un 21 por ciento. Además, han bajado los tiempos de tramitación en 95 días, situando la espera media en 335 días, todavía muy por encima de la media nacional y del plazo legal, pero con una evolución sin duda positiva. El tiempo medio para resolver nuevas solicitudes ronda ahora los 152 días.

 

El Gobierno regional atribuye esta mejora a diversas medidas adoptadas recientemente, entre ellas la implantación de un nuevo servicio de ayuda a domicilio especializado, la puesta en marcha de la teleasistencia avanzada y una reforma normativa que flexibiliza las prestaciones y refuerza la asistencia personal. El informe del Observatorio destaca también la reducción continuada de fallecimientos de personas pendientes de atención, que han pasado de más de 6.500 anuales en 2023 a una proyección de unas 864 personas en 2026 si se mantiene el ritmo actual. En su conjunto, los datos recogidos en el informe reflejan una mejora significativa del sistema canario de dependencia, aunque persisten retos importantes para seguir reduciendo los tiempos de espera y garantizar que los derechos reconocidos se traduzcan rápidamente en atención efectiva.

 

Por desgracia, la política tiene una extraña dificultad para reconocer los éxitos ajenos. Si un gobierno fracasa en sus objetivos o compromisos, la oposición lo denuncia con toda la crudeza posible. Pero si el gobierno acierta, la oposición suele fingir que eso no ha ocurrido. Tampoco los medios, atrapados entre la crítica permanente y la propaganda institucional, suelen sentirse cómodos cuando toca admitir que algo funciona o mejora.

 

Por eso merece la pena analizar las últimas cifras sobre la dependencia en Canarias. No porque el problema esté resuelto, ni de lejos lo está. Tampoco porque las cifras se acerquen a lo que sería deseable. Lo cierto es que los tiempos de espera continúan aún muy lejos de lo que establece la ley. Pero los datos muestran la luz al final del túnel, anuncian una salida a lo que llamábamos ‘el limbo’ de la dependencia. Y eso es una mejora real en un sistema que demasiado tiempo parecía condenado al estancamiento.

 

Esa mejora merece ser reconocida. Una democracia sana necesita distinguir entre la propaganda y la gestión: criticar cuando las cosas se hacen mal y aceptar con alivio que empiecen a hacerse mejor. Los problemas de gestión de la Administración rara vez se resuelven con discursos. Se solucionan con trabajo profesional y serio: procedimientos más ágiles, más personal, mejor organización y decisiones técnicas sostenidas en el tiempo. Es mucho menos espectacular que trucar los datos. Quizá por eso la mejora de la situación en Dependencia no produce titulares. No hay confrontación. Ni épica. No hay enemigo al que señalar. Solo más funcionarios tramitando expedientes con mayor rapidez, servicios que empiezan a funcionar y personas que reciben antes la ayuda que necesitan. Esa es la política que importa.

 

Por supuesto que queda mucho por delante. Pero sería injusto ignorar que algo va cambiando. Después de años de trucos estadísticos, anuncios grandilocuentes y debates estériles, la gestión de la dependencia ofrece por fin lo que le pidió siempre: resultados.


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