Domingo, 30 Agosto 2026
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Paco Pomares

Francisco Pomares

 

“¿A quién le interesan los datos de Pegasus relacionados con Pedro Sánchez?”. La pregunta apareció en Telegram después de que el hacker Jabaroot publicara información sobre unos 70.000 integrantes de la Policía y los servicios de seguridad marroquíes. La cosa tiene algo de amenaza de Estado y parte de anuncio de tómbola. Jabaroot añadió que tiene los archivos originales del espionaje al teléfono del presidente español. Guasa no les falta.

 

Jabaroot significa en árabe poderío o dominación. Saltó a la fama en abril de 2025 con el robo de información de la Seguridad Social marroquí. Marruecos confirmó que sus sistemas habían sido vulnerados, aunque advirtió de que algunos documentos podían estar incompletos o manipulados. Se publicaron unos 54.000 archivos con nombres, salarios, cuentas bancarias y datos laborales de dos millones de trabajadores y medio millón de empresas. No hubo petición de rescate. El objetivo no parecía ganar dinero, sino avergonzar al régimen. Después llegaron datos de empleados de los palacios reales, documentos inmobiliarios de altos cargos y papeles relacionados con responsables de la inteligencia. También algún exceso: Jabaroot dijo haber robado cuatro terabytes del Catastro. Una empresa especializada examinó cerca de 20.000 documentos auténticos, pero no pudo confirmar que existiera todo el material prometido. Jabaroot dispone de información verdadera, pero la envuelve en exageraciones y una puesta en escena que busca multiplicar sus efectos.

 

Al principio se presentó como JabaROOT DZ -DZ es el indicativo internacional de Argelia- y sus integrantes se definieron como “patriotas argelinos”. Sus mensajes parecían encajar en la guerra que Marruecos y Argelia mantienen en el ciberespacio. Ambos países rompieron relaciones diplomáticas en 2021 y llevan años intercambiando hostilidades mediante grupos de hackers más o menos independientes.

 

Pero la historia es mucho más interesante: Le Monde ha publicado que detrás de la última operación habría cinco antiguos miembros del servicio de inteligencia interior marroquí: cuatro oficiales y un comisario de policía que rompieron con la DGST y viven exiliados en Europa. Dicen haber sufrido el uso abusivo de información personal, las escuchas telefónicas y las investigaciones practicadas por los servicios de seguridad. Su principal objetivo parece ser Abdellatif Hammouchi, el poderoso jefe de la DGST y la Policía marroquí, cuya destitución reclaman al rey Mohamed. Nada impide que en la práctica colaboren con técnicos argelinos o reciban apoyo logístico de sus servicios de inteligencia. Eso explicaría la mezcla de conocimientos internos y capacidad informática.

 

Aún así, conviene poner en barbecho la leyenda de que Marruecos cuenta con “70.000 espías”. Los archivos mezclan miembros de la DGST con policías, funcionarios y personal administrativo. Hay personas fallecidas y los datos más recientes parecen proceder de 2020. Medios marroquís sostienen que parte de la información fue obtenida en ataques anteriores y reempaquetada. Puede ser. Pero aparecen Hammouchi y responsables de contraterrorismo, contraespionaje y operaciones. No hay 70.000 espías, pero lo filtrado es algo más que una guía telefónica.

 

Ahora Jabaroot asegura disponer de las órdenes de misión de los agentes enviados a Castillejos antes y después de la avalancha de Ceuta, que demostrarían la participación de los servicios marroquíes en la avalancha. Y amenaza con divulgar los archivos originales de Pegasus sobre Sánchez. Qué emoción.

 

No se ha publicado aún ni una cosa ni la otra. Y puede ocurrir que nunca ocurra. Los hackers viven de lo que revelan tanto como de la inquietud que provocan prometiendo el siguiente volcado. Tal vez los documentos no existan, sean de escaso valor o salten al mercado para negociar algo que desconocemos. Pero yo me tomaría a Jabaroot más en serio de lo que ha hecho el Gobierno de España: ya ha demostrado que no siempre va de farol, ha penetrado en bases de datos reales y ha colocado al aparato de seguridad marroquí ante una exposición sin precedentes.

 

Cinco antiguos espías, decenas de miles de nombres y una cuenta de Telegram preguntando al público si desea conocer los secretos del teléfono del presidente español. Los secretos detrás del cambio de posición sobre el Sahara y de que alguien capaz de sacar pecho ante Trump o Netanyahu se achique ante Marruecos. Así se practica ahora la guerra de inteligencia: con filtraciones masivas, propaganda, emoticonos y buenas dosis de cachondeo. ¿Sabremos algún día la verdad de Pegasus? Quizá. No hay que perder la esperanza.

 

 


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