Martes, 08 Septiembre 2026
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Francisco Pomares

 

Una declaración puede ser falsa. Dos que dicen lo mismo, obedecer a una estrategia compartida. Tres coincidentes ya escama. Pero cuando cuatro personas distintas, con posiciones e intereses procesales diferentes, coinciden en todo lo esencial, la casualidad empieza a resultar una explicación insostenible. Y eso es lo que está ocurriendo con el expresidente Rodríguez Zapatero y el rescate de la aerolínea Plus Ultra.

 

El último en ratificar ante el juez el pago de coimas a Zapatero ha sido Julio Martínez Sola, expresidente de la aerolínea. Según su declaración, Plus Ultra aceptó pagar una comisión de un uno por ciento de los 53 millones concedidos por el Gobierno para garantizarse el rescate. En las conversaciones entre los implicados no se andaban con eufemismos: llamaban ‘mordida’ a ese dinero. La comisión solo se abonaría si la ayuda era aprobada y tenía como destinatario, según Martínez Sola, las empresas de lo que conocían como el ‘grupo Zapatero’.

 

Su relato coincide con el remitido a la Audiencia Nacional por Roberto Roselli, entonces consejero delegado de la compañía. Los dos de Plus Ultra sostienen que acudieron a Zapatero a la desesperada y que aceptaron pagar porque entendieron que su intervención podía resultar decisiva. Martínez Sola ha confirmado, además, que el 30 de abril de 2020 recibió desde un número oculto una llamada del expresidente, en la que  y Zapatero se ofreció a realizar gestiones para ayudar a la aerolínea.

 

Ninguno de los dos directivos sabe precisar qué hizo después Zapatero, con quién habló o si el rescate fue gracias a su intervención. Esa es una de las lagunas que debe cubrir la investigación. Pero tampoco es necesario conocer cada llamada o gestión para apreciar el hecho esencial: Plus Ultra aceptó pagar a éxito, para comprar capacidad de influir en las decisiones del Gobierno de Pedro Sánchez. Eso es lo que les vendió Zapatero: influencia para que el Consejo de Ministros ayudara a resolver los apuros de Plus Ultra con 53 millones.

 

La tercera versión coincidente es la de Julio Martínez Martínez, más conocido por Julito, amigo, socio y testaferro del expresidente. Declaró que Zapatero dirigía Análisis Relevante, captaba los clientes y marcaba los pasos que debían seguirse. También afirmó que fue Zapatero quien le comunicó antes de ser público que la SEPI había dado luz verde al rescate. No parece información al alcance de un jubilado dedicado a hablar sobre la paz mundial.

 

La cuarta voz es la de Víctor de Aldama, que ya había situado a Zapatero en el centro de la operación. Aldama tiene su propia estrategia procesal y razones evidentes para colaborar con la Justicia. Julito intenta reducir su responsabilidad. Los directivos de Plus Ultra pretenden explicar por qué aceptaron pagar. Ninguno es un observador neutral, ni un ciudadano desinteresado. Por eso es relevante que, con diferentes intereses, los cuatro terminen contando la misma historia.

 

Y después está el dinero: el uno por ciento de 53 millones son 530.000 euros. La investigación ha localizado 249.000 euros pagados a Análisis Relevante, 98.617 a Voli Analítica y 110.799 a IOT Domotic Europe, sociedades controladas por Julito. Plus Ultra añadió a la cuenta 69.000 euros que el tiralevitas de Zapatero –un tipo muy viajado- se había gastado previamente en billetes bussines de la compañía. En total, eso suma 527.416 euros. Apenas 2.584 euros menos que la comisión pactada.

 

Es mucha precisión para que todo sea coincidencia. Pero es verdad que aún no hay condena: Zapatero conserva su presunción de inocencia mientras el juez y las pruebas no determinen si realizó gestiones ante el Gobierno y recibió -directa o indirectamente- ese medio kilo. Pero la presunción de inocencia no obliga a renunciar a las preguntas ni convierte en irrelevante la acumulación de indicios. Sobre todo, porque Zapatero tiene otro grave problema de credibilidad: el 17 de junio prometió al juez que explicaría en “una semana o diez días” la procedencia de las joyas encontradas en la caja fuerte de su despacho alquilado por el PSOE. Ya han pasado 82 días y Zapatero solo ha dicho que las joyas fueron un ‘regalo de cortesía’ –extraordinariamente cortés, diría yo-, sin identificar en ningún momento a quien le hizo el regalo, ni aportar públicamente la documentación que prometió aportar.

 

Hay gente muy convencida de la imposibilidad metafísica de que el faro moral de la izquierda pueda haberse engolfado. Supongo que les resulta más fácil creer que los cuatro declarantes mientan (y mienten lo mismo), que la suma del dinero pagado y cobrado es causal y que el millón y pico en joyas es fruto de una inocente cortesía. Pudiera ser. Pero a estas alturas, creer en la honradez de Zapatero nos exige creer que su desgracia es fruto de una conjunción planetaria perversa. La de Obama y Zapatero ha dado paso a otra bastante menos gloriosa: dos directivos de Plus Ultra, Julito, Aldama, medio millón de mordidas y una caja fuerte a reventar de joyas sin donante conocido.


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