Deseos (locos) para 2018
Por Alex Solar
{jcomments on}
Así como algunos desean perder peso (y para ello se matriculan en el gimnasio, perdiendo dinero y tiempo), o dejar el tabaco, yo quisiera formular unos deseos (igualmente inútiles y demenciales) para este 2018.
Me gustaría que mi ex compañero de afanes y cafés en AENA, Ángel Vázquez llegara a la Presidencia del Cabildo de Lanzarote. Si no es este año lo será algún día, es cuestión de tiempo. No he conocido a nadie tan tenaz como él, excepto su paisano Rajoy. Quién sabe, a lo mejor entre gallegos se entienden y se consigue que le pongan el nombre de César a nuestro aeropuerto. Un abrazo, Ángel y felicitaciones por tu nuevo cargo.
También deseo que mi ocasional interlocutor y polemista, Bruno Perera (a quien no tengo el gusto de conocer personalmente) y Carlos Meca (tampoco tengo el placer) hagan las paces, se den la mano o se abracen. A ser posible, Meca vestido de tirolés y Perera de morado riguroso y con coleta.
Me gustaría que Donald Trump se diera una vuelta por Lanzarote, visitara los centros turísticos con o sin Melania, se zambullera en el Museo Submarino acompañado del Presidente del Cabildo y que le estrechara la mano con una intensidad similar a la empleada con el primer ministro japonés Shinzo Abe. Estoy convencido de que Don Pedro aguantaría el tipo a pie firme y no solo eso, dejaría manco al mandatario americano. Pero que no lo lleven a Urgencias, que nos puede declarar la guerra o bloquearnos en Twitter y Facebook. Tampoco, por ningún motivo, debería alojarse en Las Maretas, que tiene mal fario. Para eso hay excelentes hoteles en la isla aptos para VIP como él.
Y hablando de San Ginés, también me gustaría que convirtiera el Café La Unión en otro museo o centro de interpretación. Por su parte, la Consejería de Cultura podría colaborar, escenificando los momentos estelares pintando murales, grafittis, etc. conmemorativos de las epopeyas allí vividas y que pusieron a Lanzarote en el “candelabro”.
En 2018 se cumplirán los deseos de los que han clamado por la apertura de la Avenida Marítima. Deseo que la alcaldesa corte una cinta o rompa una botella de cava, catalán, para darle sonido líquido a ese magno acontecimiento y que luego el pueblo disfrute de una jornada de tapas a cuenta del erario público. Total, un despilfarro más no se va a notar. Y queda bien, aunque sea un poco populista.
Con mis deseos delirantes no me quedo corto. Puestos a erigir edificaciones icónicas, quiero en 2018 una réplica de la Estatua de la Libertad en el Islote del Francés, mejor que una de la Torre Eiffel, que no aguantaría el desgaste provocado por el aire salino.
En pleno uso de mis facultades y absolutamente sobrio, aunque no lo parezca, les deseo un Feliz 2018.