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El billete congelado...

 

Santiago Negrín Dorta

 

Nos dejaron ir a las terrazas y todavía se quejan. Se sentaron los tres en una céntrica plaza, bien arremangados, con cholas y patas al aire, gafas de sol de pavo mañanero y pidieron cortados largos y una cerveza. Una hora después...la cuenta. Dos cortados, cerveza, agua con gas gratis, leer el periódico, buena panorámica y coger sol a gusto. Todo eso por 4,50 euros. Y todavía protestaron los elementos. Y, además, lo pusieron en las Redes Sociales para mofa y burla del propietario de la cafetería.

 

A lo mejor, por ese precio, querían caviar y champan con jugo de naranja recién exprimido los caballeros. Para barato haberse ido al bar de Kiko “el Mandarria”, que mete el dedo en el cortado (y luego se lo churrupa) a ver si está caliente para servir. Creo que llevar el mismo billete en la cartera durante semanas nos está afectando al cerebro. El manoseado billete se resiste a salir. Es el síndrome del “billete congelado”, no sale ni con agua caliente.

 

Ahora nos piden que gastemos para reactivar el asunto, pero nos resistimos porque llevamos tiempo sin hacerlo y sabemos la que se avecina. Tenemos ganas de ventilar el bolsillo, pero, “Pepito Grillo” Banco de España, se asoma al cuello y nos cuenta que nos espera una década de ajustes y perrerías, con lo que el billete se echa a temblar y se agarra más al Monedero, el de las perras, no el político (si se agarra al segundo corre peligro de ser expropiado para el pueblo).

 

 

Tómense un café a gusto, que llevan dos meses haciéndolo en casa. Pidan una caña, que los barriles estaban ya oxidados. Y ser cautos con el dinero sí, revisar la cuenta también, pero dense una alegría y un cacho carne, por si acaso (los dioses no lo permitan) nos vuelven a mandar al chiquero como cochinos cabizbajos y deprimidos por falta de esa palabra tan especial: Libertad...

 

@Chinchetas

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