Lunes, 26 Enero 2026
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Francisco J. CHAVANEL

 

Da la impresión de que los demócratas del mundo no están dispuestos a agradecerle a Donald Trump que haya mejorado notablemente las esperanzas venezolanas de salir de una vez por todas de una dictadura que ya lleva 25 años.

La mayoría coincide en que Trump ha vulnerado el derecho internacional y que eso de irse a buscar a otro país a un posible delincuente y llevárselo a una cárcel norteamericana, es un grave ejercicio de autocracia que debe pagarse con un desprecio absoluto. Como si a él le importara.

Hace unos cuantos lustros el mismo país ideó una operación parecida para cercar y asesinar a Osama Bin Laden, oculto tras toneladas de hormigón en una fortaleza de Pakistán. Lo trincaron, lo mataron, y lo hicieron desaparecer en la oscuridad del mar para que no hubiera un sitio donde rezarle. ¿Alguien pidió en aquel instante una disculpa pública de Barack Obama por haber vulnerado el derecho internacional?... Nadie lo hizo. Creo que lo que más que escuchamos fueron felicitaciones y aplausos.

A principios de este siglo Estados Unidos estaba desesperada por el ataque a las torres gemelas. La Administración Bush ideó un plan de venganza y resentimiento, y fijó su objetivo esencialmente en Irak. Dijo que el régimen de Sadam Hussein había forjado el atentado y dijo que poseía una colección de armas de destrucción masiva con las que podría doblegar el mundo. Aquella teoría, sin base alguna en la realidad, fue comprada por España, el Reino Unido, y toda la ONU. Nunca se hallaron armas de destrucción masiva pero aquella guerra supuso, además de la caída del régimen de Sadam, el asesinato de decenas de miles de iraquiés, completamente inocentes. Nadie se acordó entonces del orden internacional y de la protección de los derechos humanos.

La invasión por parte de Rusia a Ucrania conculca la biblia de la legalidad. Hay partidos y naciones que todavía no han condenado esta guerra, y hemos visto al actual presidente de Estados Unidos mostrando su profundo malestar con Zelenski por no plegarse lo suficiente a los requerimientos de Putin. Cuando en todos estos casos vemos al presidente de Estados Unidos hablándonos de petróleo, tierras raras, contratos económicos leoninos, actuaciones que solamente persiguen mejorar un estatus crematístico, ¿en qué lugar se coloca el orden internacional, la legalidad vigente, el respeto por las naciones vecinas?

Cuando Trump anunció al mundo que él resolvería el genocidio de Gaza con su amigo Netanyahu publicó un vídeo en el que se veía a los dos tomando el sol plácidamente en un resort construido sobre las ruinas y la sangre de los mártires.

En cualquier caso, ¿qué le podemos pedir a un delincuente condenado por 32 delitos, al cual se le permitió que se presentase a la Presidencia del país más democrático del mundo? ¿Hubo alguien que defendiera al sistema ante el asalto de un quinqui, rodeado de una realeza de gente asustada y multimillonaria? Ese es el auténtico “desorden internacional”. Vive en nosotros, en nuestra alma de mercaderes, carente de cualquier rigor ético.


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