El giro

Sara González
No digas. No hagas. Cuidado si tienes sentido común y dos dedos de frente porque tu expresión poco rompedora estará atada, anudada más fuerte que un nudo marinero, sin libertad para el improvisado movimiento de milímetros causado por el viento.
Di. Haz. No te preocupes, la medida no es tu problema, eres imbécil, no tienes criterio propio y copiar estupideces es el pasaporte internacional en un mundo que se está yendo a la mierda a pasos agigantados.
En el otro extremo, haciendo contrapeso la meticulosa resistencia, la del cuidado, con sudor a chorros que se mezclan con frías transpiraciones que se dan a causa de contemplar como obtusas decisiones y ruidos en formas de palabras orales hacen del desmadre un comportamiento normal e impuesto a la aceptación.
Menos mal que maleantes inquietos siguen oponiéndose y hacen uso de la sátira para cambiar la tan perseguida realidad. Sin que nadie se entere, he de decir que hace poco fui a uno de esos lúgubres lugares, en un escondido edificio de la madrileña calle Gran Vía para disfrutar de una de esas actividades en riesgo inminente, un teatro musical bien hecho y, además, donde el descaro está presente en todo, y recalco, en todo momento. Al que te aviso que, si tienes la piel sensible y te tomas todo a modo personal por si hay alguien o algo en este mundo que se pueda ofender porque no entiende la diferencia entre humor e irrealidad con el mundo tangible, mi recomendación es que no vallas. Ahórratelo.
Quédate, en tu casa o donde te de la gana, a excepción de ese tenebroso lugar lleno de bambalinas y focos escondidos. Quizás te puedas refugiar en despachos aparentemente sin nada que esconder, en esos en los que se deciden importantes y vitales decisiones, donde el ilimitado dinero de numerosas generaciones que pueden sobrevivir al fin del mundo está a punto de decidirse, porque es en ese momento y con esa acción, o nunca.
Esas habitaciones que tienen a lúcidos e ilustrados seres, de un intelecto superior, sacrificando su duro voto para decidir la colocación en la que es mejor depositar un gran destello de energía que desprende un fuerte y apetecible calor para limpiar ese ecosistema poco adecuado, según la voluntad de los divinos seres.
El ciclo de la vida, podrían defender que es, eso sí que no haya animales cerca. Su lugar es disfrutar de cómodos paseos, para los de cuatro patas; y de usar las manos y los pies para que los que tienen dos patas puedan desarrollar el movimiento que sus extremidades necesitan.
Así gira el nuevo mundo. Y si no entiendes estas palabras, dale un giro al sentido, usa el sarcasmo, en casi todo el texto, y le encontrarás un sentido. O no.