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“El Gran Viti”  

 

  

Por Guillermo Uruñuela

 

De mi estancia en Estados Unidos he absorbido muchas cosas útiles para mi vida . Además de vivencias personales de alto voltaje -entre ellas el fallecimiento de un compañero, el encarcelamiento de un amigo español y alguna que otra anécdota no apta para estas páginas- he conocido a personas interesantes que ya formarán parte de mí en mayor o menor medida. Llegué a Houston a principios de agosto de 2012. Cuando aterricé, mis compañeros españoles -a los cuales no conocía- estaban esperándome ya en mi futura casa. Tras unos días acostumbrándome al país yanqui llegó Víctor Ruiz a aquella humilde urbanización de Beamer Road para convertirse en poco tiempo en “El Gran Viti”; encontrando sin querer un paralelismo cercano al protagonista de la obra maestra de F. Scott Fitzgerald.

 

No relato esto desde el aprecio, que también podría, sino desde un punto de vista objetivo porque la historia de este chico bien merece la pena ser contada. Gijonés de cuna, se crió y estudió en la ciudad costera asturiana para recalar en San Jacinto College. Viti no era precisamente un estudiante brillante en nuestro país, pero basta con hablar diez minutos con él para darte cuenta de que es un fiera. Un tipo que te engancha desde el primer momento, con una capacidad de persuasión terrible, apoyada en una vitalidad y un positivismo que se agradece en este mundo en el que vivimos. Siempre mirando al frente asumiendo retos, por difíciles que parezcan.

 

Tras varios años en Houston, recibió otra beca deportiva, esta vez para estudiar en Nueva York, donde estuvo varios cursos finiquitando su carrera. Junto a un socio está abriéndose camino entre la Jet Set estadounidense, organizando fiestas para clientes influyentes en el mundo empresarial y para estrellas de  Hollywood, además de tener contactos en la Familia Real Saudí... y hasta aquí puedo leer.

 

Esta historia particular se puede seguramente extender a cientos de españoles que andan por ahí ganándose la vida. Viti en España no habría tenido oportunidades ya que su valía personal estaría quizá eclipsada por un currículum vulgar.

 

No quiero dar a entender con esto que la preparación no sea necesaria, que lo es. Sin embargo, lo que no se entiende en este arcaico país es que no hay mejor escuela que la de realizar trabajo de campo. Sólo así podremos mejorar nuestra patria estancada en cribas primitivas que taponan la brillantez de gente como mi amigo Viti que, para mayor escarnio, se forrará -el país norteamericano también indirectamente- a costa de los españoles que vayamos como paletos a pasear por la Quinta Avenida. Menudo cabrón.

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