Lunes, 06 Abril 2026
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD

Por Francisco Pomares

 

Lo del cupo vasco, a mí que me lo expliquen despacio. Porque no consigo entender que en medio de la que hay liada con Cataluña, Rajoy haya preferido resolver el problema de su propia supervivencia antes que sentar las bases para un acuerdo sobre financiación asumible por el conjunto de las regiones. El Gobierno no parece estar en la liga que debería jugar, sino en lograr apoyos para aprobar los presupuestos de 2018 y mantenerse en el machito. Para conseguir sacar los presupuestos ha apoyado otra reducción del cupo, que huele bastante mal. Las declaraciones del PNV asegurando que aplazarán la negociación de las cuentas de 2018 hasta ver lo que pasa en Cataluña son una pura milonga. Ya se han vendido: el Gobierno vasco ha conseguido rebajar en 225 millones la cuota que paga al conjunto del Estado, a cambio de apoyar en unas semanas los presupuestos. Se consolida con ello una tendencia cada día más obvia, que es la de que el PP trata a los territorios ricos como trata a las personas ricas: favoreciendo para ellos una fiscalidad ventajosa en detrimento de las regiones y las personas más pobres. Y eso en el mismo momento en el que desde Bruselas se denuncia que España -la cuarta economía de Europa- es el país de la Unión en el que la brecha de desigualdad entre ricos y pobres es escandalosamente más alto.

 

Una pequeña vergüenza, pues, la trágala del recálculo del cálculo del cupo, a la que también se ha sumado un PSOE desnortado e instalado en la política de parches y vaivenes ideológicos que caracteriza el sanchismo. PP y PSOE se pierden en la táctica del corto plazo, mientras Ciudadanos, con un discurso jacobino perfectamente coherente con su trayectoria, su relato y sus posiciones en todas las regiones, continúe creciendo sin parar. A este paso no solo desbancará a Podemos y al PSOE. Albert Rivera se mira por las mañanas en el espejo y ve reflejado un Macron celtibérico.

 

Y luego está lo de los diputados de la dividida minoría canaria, por llamarla de alguna forma. Ana Oramas se volcó en la justificación de esta nueva reducción del cupo, despertando una entusiasta ovación desde los escaños del PP. No creo que lo hiciera por eso, aunque los aplausos siempre ayudan. Creo que a Oramas se le colocaron sobre el tapete las bolas para una inesperada carambola: una concesión a los amigos del PNV, y un favor al PP, a tres bandas. Pero también una política absurda, inexplicable viniendo de una diputada que representa a una región pobre y con gravísimos problemas de desigualdad social, que recibe de la caja de solidaridad de los españoles mucho más de lo que aporta. Cada vez que se condonan alegremente las obligaciones fiscales de los ricos, sean regiones, empresas o personas, lo pagan los que menos tienen. Y eso es lo que acabará pasando si las regiones más ricas siguen descolgándose de sus compromisos con el resto del país. Porque nadie discute a estas alturas el concierto vasco o los fueros navarros. Lo que se discute es que año tras año los territorios más ricos se las apañen para pagar menos.

 

Aquí alguien no ha hecho bien las cuentas: se ha creído que el presupuesto 2018 va a dar para todo, y que Rajoy pagará los favores. Puede que lo haga en 2018. Pero en un par de años a este ritmo no va a tener con qué hacerlo.


PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD