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El rey desnudo

 

Por Guillermo Uruñuela

 

  • Lancelot Digital
  • Cedida
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    Hace ya más de siete siglos, Don Juan Manuel, en su obra,“Libro de los enxiemplos del Conde Lucanor et de Patronio” y que posteriormente actualizaría en el XIX, Hans Christian Andersen ilustraron al mundo con su cuento de “El Rey desnudo”. En él, con sencillez, trasladan una realidad que ahora, en pleno 2024, tiene más encaje que nunca y dice así:

     

    Hasta la misma persona de un rey, llegaron dos charlatanes que se decían a si mismos sastres o tejedores. Afirmaban que eran capaces de elaborar las mejores telas, los mejores vestidos y las mejores capas que ojos humanos pudieran haber visto, sólo exigían que se les entregase el dinero necesario para comprar las telas, los bordados, los hilos de oro y todo lo necesario para su confección.

     

    Ahora bien dejaban bien entendido que tales obras sólo era posible verlo por aquellas personas que realmente fueran hijos de quienes todos creían que era su padre, y solamente aquellas personas cuyos padres no eran tales no serían capaces de ver la prenda”. (...)

     

    Curioso el rey de saber como iba su vestimenta, envió a dos de sus criados a comprobar como iban los trabajos; pero cual fue la sorpresa de estos cuando a pesar de ver como los picaros hacían como que trabajaban y se afanaban en su quehacer, estos no podían ver el traje ni las telas. Obviamente supusieron ambos que no lo podían ver porque realmente aquellas personas que ellos creían sus padres no lo eran y avergonzados de ello, ni el uno ni el otro comentaron nada al respecto. El rey tampoco era capaz de visualizarlo pero guardó silencio por miedo.

     

    Llegado el día de la fiesta, el rey se vistió con el supuesto vestido y montado en su caballo salió en procesión por las calles de la villa, la gente también conocedora de la rara cualidad que tenía el vestido callaba y veía pasar a su rey, hasta que un pobre niño de corta edad, inocente donde los haya, dijo en voz alta y clara "el rey va desnudo".

     

    Tal grito pareció remover las conciencias de todos aquellos que presenciaban el desfile, primero con murmullos y luego a voz en grito todos empezaron a chismorrear "el rey va desnudo", ... "el rey va desnudo"; los cortesanos del rey y el mismo rey se dieron pronto cuenta del engaño y es que realmente el rey iba desnudo.

     

    Cuando fueron a buscar a los picaros al castillo, estos habían desaparecido con todo el dinero, joyas, oro, plata y sedas que les había sido entregado para confeccionar el vestido del rey. El engaño había surtido efecto y el rey iba desnudo”.

     

    Ahora sólo tendrán que poner nombre y apellidos a los pícaros, al rey, a los criados y los vecinos que miraban para otro lado, temerosos, y entenderán por qué hoy en día tenemos muchos reyes desnudos, muchas personas que miran para otro lado y trileros que confeccionan vestidos sin seda.

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