El sobre

- Lancelot Digital
Estaba previsto que el próximo 4 de marzo se supiera si lo del sobre de Aldama era verdad o no. Ese día, el comisionista de la trama de las mascarillas (y otras cuantas más) tenía que entregar al juez Ismael Moreno el famoso sobre al que aludió en su declaración del pasado enero: un paquete con membrete oficial de Petróleos de Venezuela que, aseguró contenía información relevante sobre financiación irregular del PSOE y la Internacional Socialista. Pero esa entrega no se va a producir: el juez ha aceptado la solicitud del abogado de Aldama, para no entregar el sobre que iba a cambiarlo todo. Aldama retasa sine die la entrega de esa prueba capital sobre la financiación del PSOE, alegando que entregarla pone en peligro su vida.
La verdad es que suena a cuento. Hasta la fecha, lo único que existe es el truculento relato del investigado y una fotografía interceptada por la UCO. Pero nunca se ha hecho público el contenido del sobre, y nadie –excepto el propio Aldama- sabe si lo que el sobre contiene son pruebas, meras insinuaciones o simple humo. Por si las moscas, el juez abrió una pieza separada secreta para investigar los pagos en efectivo realizados por el PSOE entre 2017 y 2024. Y eso ya es algo más que relato, es un procedimiento judicial.
Después del correspondiente tira y afloja entre el juez y los responsables de las cuentas socialistas, estos han reconocido haber retirado casi un millón de euros en dinero en efectivo. Se trata de una pasta gansa, y además la Guardia Civil sostiene que parte de ese millón acabó en los bolsillos del exministro José Luis Ábalos y de su asesor Koldo García. Más del doble del dinero inicialmente reconocido por el PSOE, que luego intento explicar el desfase en que los pagos a los colaboradores de Ábalos, aunque los cobrara él o Koldo, se apuntaban en otras cuentas.
Fue con esos dineros en B, con los que el diligente Koldo habría pagado a las señoritas ocasionales de su señorito, pero también la estancia en el hotel de Guía de Isora en el que Ábalos se refugió con toda su tropa tras uno de sus encuentros en Canarias con Ángel Víctor Torres. Koldo, encargado de pagar las facturas, prefería pagar en metálico siempre que fuera posible. Manejaba tres sobres de plástico, uno con dinero vamos a decir que privado, otro con dinero en efectivo del Ministerio, y un tercero con dinero adelantado por el PSOE por distintos conceptos al que era entonces su secretario de organización.
El juez Moreno cree que siguen existiendo incoherencias en las explicaciones del PSOE y ha exigido una relación de los pagos en metálico realizados por el partido, incluyendo los realizados a su secretario general, Pedro Sánchez, que el PSOE intentó no entregar, sin éxito. La insistencia del juez ha provocado que el propio Sánchez, en comparecencia en el Senado ante la comisión que investiga a Koldo, reconociera haber recibido pagos en metálico de su partido, aunque no quiso explicar ni cuando ocurrió eso, ni cuantas veces ocurrió, ni cuánto dinero recibió en total. Eso lo sabrá el juez, y lo sabremos todos, el día que el juez levante el secreto del sumario. En cualquier caso, lo cierto es que no se investiga el uso del efectivo en sí mismo -que no es ilegal-, sino la posible opacidad en la gestión del dinero. Y es que el dinero electrónico deja rastro, mientras que el efectivo no lo deja. Por eso, España ha endurecido de forma drástica el uso de metálico y ningún ciudadano corriente puede hoy realizar operaciones superiores a mil euros en efectivo. Se trata de evitar el fraude, garantizar la trazabilidad del dinero e impedir la economía sumergida. El efectivo es automáticamente sospechoso cuando pasa de mil euros.
Sin embargo, no parece que ocurra lo mismo en el ámbito político, donde las márgenes parecen ser más flexibles y difusos, sin que el sistema haya impuesto límites equivalentes a los que se obliga a cumplir al común. Un partido puede retirar cientos de miles de euros en metálico para abonar gastos internos, dietas o reembolsos. Lo que para el ciudadano común resulta sospechoso, para los partidos resulta una práctica aceptable. Para los amantes de la asimetría, aquí tenemos una tan grande como una de esas espectaculares mansiones que Koldo alquilaba en metálico para asueto de su patrón. El contraste es evidente.
Cuando el juez decida que el comisionista Aldama tiene que entregarle el sobre de PDVSA, sabremos por fin si esta historia supone algo más que tinta de calamar, por parte de un investigado que busca mejorar su posición procesal. Si el contenido resulta relevante, el escenario político podría escalar hacia una crisis mayor, con derivadas internacionales como la conexión venezolana. Porque ya es mala suerte que la información que contiene el sobre fuera entregada a Áldama precisamente por la actual dictadora encargada de Venezuela, muy cabreada doña Delcy porque no la dejaron –ni a ella ni a sus maletas- bajarse de su avión privado en el Aeropuerto de Madrid-Barajas.
Lo dicho. Nos quedamos con ganas de saber: que el juez anule hoy su decisión de ayer, resulta cuando menos, poco ortodoxo.