Estabilidad, unidad y voluntad de acuerdo

Francisco Pomares
Fernando Clavijo, abrió ayer el Debate del Estado de la Nacionalidad con una idea simple pero efectiva: cuando hay estabilidad, Canarias funciona. Se trata de una idea que sostiene todo el relato de su mandato: la estabilidad como valor, como argumento de gestión y como mensaje implícito frente a un país -y un mundo- que parecen cada vez más dominados por la confusión y la incertidumbre.
Clavijo arrancó su primera intervención de este tipo realizada sin leer un texto escrito previo, mirando más allá del Archipiélago. Habló de la guerra, y de un planeta que –dijo- vuelve a vivir bajo la “ley del más fuerte”. No faltó una referencia explícita a Trump ni una advertencia sobre el impacto que los conflictos globales pueden tener en territorios frágiles y dependientes del exterior, como Canarias. El mensaje es que vivimos tiempos turbulentos y peligrosos, y que en ese contexto la estabilidad política adquiere un valor añadido.
A partir de ahí, Clavijo desplegó un balance de gestión bastante clásicos: economía, empleo, turismo, servicios públicos, vivienda, migración y relaciones con el Estado, en un tono general bastante optimista. Canarias crece por encima de la media española y europea, el empleo aumenta y la inversión pública ha recuperado protagonismo. Los datos del turismo siguen siendo espectaculares: 18,5 millones de visitantes y más de 24.000 millones de euros de facturación. Un éxito indiscutible que demuestra la madurez del sector. Pero incluso en el territorio más seguro de su balance -el turismo-, Clavijo insistió en defender que ya toca trasladar parte de esa riqueza a los salarios. Es un mensaje relevante y reiterado. rompe –siquiera sea retóricamente- con la vieja costumbre de celebrar acríticamente récords económicos. El otro gran bloque del discurso fue el social. Clavijo subrayó el haber logrado reducir el tiempo de espera en dependencia de 782 a 391 días, y se comprometió a llegar a los 181 que establece la ley. También habló de educación, sanidad y pobreza, para reconocer que uno de cada cuatro canarios sigue en riesgo de exclusión social, aunque defendió que los indicadores han mejorado y que la renta media se acerca ya al 91 % de la media española. Es una buena noticia desde luego, pero tampoco motivo para lanzar cohetes: cuando una cuarta parte de la población vive en situación vulnerable, el éxito es un concepto relativo.
El discurso adquirió un tono más político cuando Clavijo se centró en la relación con el Estado: volvió a reclamar que Canarias no quede relegada en la distribución de recursos ni en las negociaciones territoriales que el Gobierno central mantiene con otras comunidades. Lo resumió con la frase más aplaudida por los suyos: “Quiero que los Reyes Magos también vengan a Canarias, no solo a Cataluña o Euskadi”. Es la respuesta a la acusación de Chano Franquis de que el ‘decreto canario’ es una carta a los Reyes Magos. En un país donde sostener a Sánchez ha convertido la política en zoco permanente, Canarias no quiere quedarse fuera de la subasta. Belicosa también la mención a La Palma. Clavijo cree que su Gobierno ha cumplido con los compromisos de reconstrucción tras el volcán, mientras que el Estado sigue en deuda por más de 300 millones en inversiones pendientes. Otro asunto delicado es la vivienda. Clavijo anunció que se finalizarán más de seis mil viviendas públicas este año, y defendió medidas para priorizar a los residentes de larga duración en el acceso a unas viviendas que aún no existen. Incluso habló de establecer límites al crecimiento poblacional. Es un terreno complicado, donde se mezclan problemas reales -escasez de vivienda, parón demográfico- con propuestas de aún tienen que demostrar viabilidad jurídica.
En medio de todo ese catálogo de anuncios y balances, Clavijo cerró su intervención con un listado de compromisos para el final de legislatura: simplificación administrativa, apoyo a los autónomos, contratación de mayores de 52, reducción de ratios escolares, transporte público gratuito y una iniciativa bautizada como “Canarias de los 15 minutos”, destinada a acercar los servicios públicos a la gente.
Más allá de la novedad de una intervención sin papeles, hilvanada a lo largo de hora y media, Clavijo no aportó nada sorprendente ni inusual en su propuesta de gobernar mejorando las cosas paso a paso, sin grandes sobresaltos, instando la unidad y reivindicando el ‘modo canario’.
La política isleña tiene algo de paradoja: se desarrolla en un territorio lleno de tensiones estructurales, demográficas, económicas y territoriales, y -sin embargo- el discurso público de todos los partidos –incluso los más radicales- suele moverse dentro de un tono más moderado y prudente que el que se estila en península. Hay quien cree que ocurre porque la geografía nos obliga a todos a practicar una cierta cultura del acuerdo.
Clavijo quiso ayer reivindicar la estabilidad como método de gobierno. Es cierto que no renunció a un puñado de puyas, pero en un tiempo en que la política parece alimentarse solo de gritos, gestos dramáticos y conflictos airados, intentar la senda del entendimiento es algo que merece ser tenido en cuenta.