Miércoles, 29 Abril 2026
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Francisco J. CHAVANEL

 

Desde un tiempo a esta parte el número de suicidios anuales en España alcanzaba los 3.700, unos diez al día. La cifra se venía tapando convenientemente hasta que de repente saltó a la palestra la palabra “salud mental” y ahí ya no hubo dique que mantuviese la propaganda oficial sobre la supuesta vida feliz que vivíamos en esta parte de Occidente. Todos no éramos felices, precisamente, y había unos cuantos que se quitaban de en medio sin dudarlo porque creyeron que sólo había tortura para ellos. Cuatro mil al año son cuarenta mil en diez años: es para pensarte si eso de la desigualdad va en serio, si la desigualdad mata, si la desigualdad psiquiátrica mata, si la desigualdad social mata, si lo que mata es tener 25 años y sentir que no hay nada bueno por delante, si lo que mata es la vida, si vivir mata, si lo que mata es esta forma de vivir donde el oxígeno está en una forma de entender el capitalismo que anula a las personas.

 

Ahora, con el covid de intenso visitante, ya casi estamos en los 4.000 que deciden borrarse del mapa. He leído un informe de Cáritas que eleva las personas excluidas por la pandemia a diez millones en España. Estoy seguro que es una exageración, pero aunque lo sea lo que es indudable es que la cifra de outsiders ha subido de forma extraordinaria, de que los ricos son ahora más ricos, y que los pobres se han quedado en las costillas. Como de estas cosas no se debe hablar tenemos que decir en susurros que en este ejército de desheredados militan los suicidas del presente y del mañana. Pero no todos.

 

¿Quiénes apelan a este tipo de muerte? Los que de repente, o durante un proceso largo, descubren un mundo sin matices, un mundo sin cielo, sin justicia ni dioses; un mundo sin alegría, sin proyectos ni oportunidades, sin alguien que te escuche y sencillamente te mire a los ojos, intentando adivinar si detrás de tu profunda soledad hay una persona dispuesta a resucitar si te dan la mano a tiempo.

 

El Gobierno central se ha apresurado a definirnos que un suicida proviene categóricamente de la pobreza. ¿Todos los que mueren son pobres? ¿Todos los que se matan están predeterminados por su lugar de nacimiento? ¿No se matan las gentes de las clases medias e incluso algunos miembros de las clases altas?... ¿Solamente carecen de oportunidades los que casi nunca las han tenido?... ¿Cómo se explica que los suicidios sean la segunda causa de muerte entre jóvenes de 15 a 19 años? ¿Cómo se explica que esos jóvenes decidan apartarse la existencia cuando acaban de llegar a ella?...

 

¿Se acuerdan de aquel cuento chino?... No necesitamos hijos, podemos tener un fondo de pensiones. No necesitamos a alguien que nos cuide. No necesitamos que nuestros vecinos, o nuestros hermanos y hermanas, cuiden de nosotros cuando estemos enfermos. El Estado se encarga de hacerlo. El Estado nos proporciona policía, educación, sanidad, todo.

 

 

Ese es el despojo. Falta un cielo que nos cobije pues el infierno ya habita entre nosotros. No es mucho pedir.


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