Miércoles, 20 May 2026
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Francisco Pomares

Francisco Pomares

 

Canarias ha desarrollado una curiosa especialidad política: recibir solemnemente lo que ya tenía. Eso ocurre a veces con foto, otras con rueda de prensa, y últimamente, con nota ministerial y titular grandilocuente. No se atreven a dar la cara, pero insisten. Se está volviendo algo reiterado y recurrente. Tanto que ya no se trata solo de propaganda institucional, empieza a parecer una forma de gobierno.

 

La última entrega de esta política del gesto inútil es el anuncio del Ministro de Política Territorial sobre el supuesto traspaso de competencias aeroportuarias y portuarias a Canarias. Un anuncio presentado poco menos que como un avance histórico y que el Gobierno canario ha calificado directamente de “fake”. La verdad es que cuesta no darle la razón. Porque la realidad jurídica es que esas competencias sobre aeródromos no considerados de interés general ya forman parte de las competencias incorporadas al Estatuto de Autonomía desde 2018. Es decir, no se nos está transfiriendo nada.

 

Pero el asunto no es sólo el bochorno de este tipo de anuncios, sino el modelo político que refleja, basado en sustituir la gestión real por la escenificación permanente. Un Gobierno obsesionado con producir titulares aunque detrás no haya contenido, competencias efectivas, recursos o soluciones concretas. Y mientras se anuncia una transferencia fantasma, siguen sin resolverse los problemas: la cogestión de los aeropuertos con Aena continúa bloqueada, las reclamaciones históricas sobre capacidad de decisión en infraestructuras estratégicas siguen en el cajón. Y la información prometida por el Estado tras las reuniones bilaterales, no llega. Nunca llega. En resumen: mucho ruido, poca gestión.

 

No es por meter siempre el dedo en el mismo ojo, pero resulta particularmente irritante que quien protagoniza estos anuncios sea un ex presidente de Canarias. Ángel Víctor Torres conoce el Estatuto, sabe cuáles son las competencias ya reconocidas, entiende las reivindicaciones del Archipiélago. Precisamente por eso resulta difícil interpretar este episodio como simple despiste. Más bien responde a la necesidad compulsiva de aparentar iniciativa política, aunque sea vendiendo humo. Estos ministros de ahora hacen una política performativa, donde lo importante no es hacer, sino anunciar; no resolver, sino comunicar; no transferir nada que sea real, sino fabricar a todas horas la sensación de que algo se mueve, aunque todo siga parado.

 

No es un comportamiento nuevo, ni aislado. Lo hemos padecido demasiadas veces en estos últimos años: visitas, promesas, planes estratégicos, anuncios históricos, mesas de trabajo, declaraciones institucionales y compromisos solemnes. Y luego pasa el tiempo y detrás de esa actividad apenas había nada.

 

Ha ocurrido con la inmigración durante años, hasta que la situación explotó y tuvieron que reaccionar, tarde y muy mal. Ha ocurrido con las infraestructuras hidráulicas, las carreteras, la vivienda… y vuelve a ocurrirnos ahora con los aeropuertos. Es la política del placebo institucional: se administran expectativas para evitar resolver problemas.

 

Mientras tanto, Canarias sigue pendiente de decisiones tomadas a miles de kilómetros por organismos estatales que mantienen el control efectivo de lo esencial y no lo sueltan ni a aunque les queme las manos. Las islas no reclaman ni quieren más solemnidades vacías. Lo que pedimos es capacidad de decisión compartida –pero real-, sobre lo que condiciona nuestra seguridad, nuestra economía y –por supuesto- nuestra conectividad. Porque una cosa es que el Estatuto diga que competencias nos corresponden, y otra muy distinta disponer de los medios políticos, económicos y administrativos para ejercerlas, para romper con esa mezcla de paternalismo burocrático y marketing político agotador, con los que el sanchismo enfrenta todas las reclamaciones, excepto las de los españoles de primera, que –paradójicamente- son los catalanes y los vascos.

 

Supongo que el hartazgo es lo que ha provocado que la reacción del Gobierno canario a las ñoñerías del ministro Torres, haya sido esta vez más dura. Después del monumental show del hantavirus, empieza a existir la sensación de que en Madrid confunden a Canarias con una colonia dispuesta a tragarse las piadosas mentiras ministeriales y a aceptar encantados sus collares de cuentas de colores envueltas primorosamente. Cualquier día nos convocan una rueda de prensa para transferirnos otra vez el Teide. Y tendremos que aplaudir…

 

No se quien se ocupa de que toda la política con esta región este sometida al departamento de comunicación. Pero no bastan las palabras: los aeropuertos siguen controlados por Aena. Las decisiones estratégicas están centralizadas. Nuestra capacidad de influir en las decisiones del Estado continúa siendo nula. Y la conectividad de ocho islas atlánticas depende de las prioridades diseñadas en Madrid.


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