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Hechos consumados

Por Francisco Pomares

Publicado en El Día

 


El Parlamento de Marruecos consideró este lunes dos proyectos de ley que redefinen los tradicionales límites entre lo que Marruecos considera su espacio marítimo con dos de los países con los que comparte frontera, España y Mauritania. Marruecos mantenía inamovible la regulación de su espacio marítimo desde 1982, cuando se modificó la ley de 1975, para adaptarla a la situación creada por la renuncia española a la administración del Sáhara.

 

Las dos nuevas leyes, consideradas como históricas para la soberanía marroquí por Nasser Bourita, ministro marroquí de Exteriores, fueron unánimemente validadas para su traslado al plenario del Parlamento marroquí por todos los partidos que forman parte de la Comisión de Exteriores de la Cámara de Representante. Aunque la aprobación no se ha producido aún formalmente, puede considerarse ya un hecho. Un hecho cuestionable, sin duda. No sólo por los conflictos que produce con las aguas canarias y españolas la delimitación de las 200 millas de la Zona Económica Exclusiva y las 350 millas de la plataforma continental, sino también porque una de las leyes aprobadas incorpora además el mar adyacente al Sáhara Occidental -el antiguo Sáhara español, que Marruecos administra como Territorios del Sur- como parte de las aguas marroquís, una decisión que será sin duda censurada por Naciones Unidas, cuya doctrina es que el Sahara es territorio en proceso de descolonización y por tanto su mar adyacente no puede ser incorporado a soberanía de la corona alauita.

 

Marruecos ha optado por extender su tutela desde la zona de Tarfaya al espacio marítimo que incluye toda la costa del Sáhara Occidental, hasta la ciudad de La Güera, un abandonado enclave español en el extremo de la prefectura de Auserd, en Cabo Blanco, casi a tiro de piedra de Nouadibú y de Cansado. La Güera es una ciudad en ruinas, sin más actividad que la de algún pescador aislado, sucesivamente controlada por Mauritania y Marruecos, o por las tropas del Frente Polisario. Carente el territorio de toda importancia económica o estratégica -las obras e infraestructuras realizadas por Marruecos están hoy cubiertas de arena- el reino se ha limitado siempre a mantener el control en su espacio marítimo -ese sí, estratégico- que a partir de ahora intentara controlar también formalmente.

 

Bourita ha aceptado que la delimitación crea problemas de solapamiento. No parece preocupar mucho a Marruecos el inevitable contencioso por la apropiación del mar del Sáhara Occidental, sino el conflicto que surja con las aguas españolas, tanto en lo que se refiere a Canarias como a la zona del Estrecho, que espera puedan resolverse con diálogo. Es difícil, porque la decisión marroquí se ha adoptado sin conocimiento de las autoridades españolas. Bourita se reunió a finales del pasado mes de noviembre con Pedro Sánchez, en un encuentro básicamente centrado en los 32 millones de euros que el Ministerio del Interior aprobó destinar a Marruecos para financiar la cooperación contra la inmigración ilegal y el tráfico de personas. Ni en ese encuentro, ni en uno posterior celebrado con el entonces ministro Borrell, se informó a las autoridades españolas de la intención de redefinir las aguas territoriales, una desagradable sorpresa para Moncloa.

 

Marruecos recupera de nuevo su vieja política de hechos consumados, que el padre del actual monarca convirtió en arte en sus negocios con España, siempre en momentos de debilidad del 'amigo español'. Hasta que Mohamed VI se dejó arrastrar a la surreal guerrita de Perejil, esa técnica dio siempre muy buenos resultados. Por eso no es de extrañar que el asunto provoque algo más que cierta preocupación en las islas.

 

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