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Here comes the sun

 

Juan Manuel Pardellas

 

Dicen las crónicas que George Harrison compuso Here comes the sun en el peor momento existencial como banda de The Beatles (Larry Yaskiel me confirmará o no).

 

Desde esa profundidad del pozo, alentado por su fiel e inseparable amigo, Eric Clapton, George Harrison compuso una canción mítica, icónica, un himno de supervivencia ante los cafres, los malos momentos y nuestras etapas vitales más desconcertantes, sean personales, familiares o profesionales. De hecho Harrison la compuso una fría, dura, pero soleada mañana de primavera de 1969, en el jardín de Clapton. Una premonición de la ruptura final del cuarteto de Liverpool un año y pico después.

 

Dice un amigo, precisamente británico, euroescéptico, que no hay nada lo suficientemente importante si a la noche tienes una cama donde descansar. El sol siempre aparece al día siguiente.

 

Hacía mucho tiempo que no escuchaba esta canción hasta la pasada campaña electoral, cuando por ejercicio de mi actividad entrevistaba a un líder, candidato, y, en mitad de la conversación, le sonó el móvil. Y justamente tenía como timbre esta melodía. Aquel detalle me transmitió más de la persona que tenía delante que los 40 minutos de preguntas y respuestas. Un tipo que pone como tono de su móvil una canción así merece un segundo de atención. En el momento en que escribo esta columna aún desconozco si asumirá una de las carteras más importantes en las islas.

 

Pero eso es secundario. La clave es la canción y el momento político que estamos viviendo. Necesitamos inundarnos de soles, de esperanza, de la posibilidad de arrimar el hombro y que nos salgan bien las cosas. Acabamos de asistir al cambio histórico de un ciclo político en las islas, es cierto, pero eso no debe nublarnos la vista, ni la nuestra ni la de ellos. Nuestros problemas de desempleo, analfabetismo (del reglado, en idiomas y cultural), pobreza son los mismos de hace unos meses atrás. Y mañana continuará saliendo el sol. Así que éste, el anterior y todos los gobiernos que vengan fracasarán si no cuentan con el concurso de cada uno de nosotros, aportando lo mejor de nosotros mismos, sin esperar una teta pública que succionar como único proyecto de vida.

 

Hagan la prueba. Después de leer esta columna escuchen la canción y mentalícense de que no hay nada imposible. Suena a coaching barato. Puede ser, pero funciona.

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