Jueves, 07 May 2026
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Andrés Martinón

 

 

Suelo hacer algo de ejercicio en una bicicleta estática que tengo en casa. La he colocado al lado de una ventana para poder hacer ejercicio y a la vez, ejercer de una especie de James Stewart en La Ventana Indiscreta. Es decir, husmear y ver lo que ocurre en las inmediaciones de la urbanización donde vivo. Una especie de voauyer. Y mientras pedaleaba veía a lo lejos las obras que se están haciendo en el nuevo Centro Cívico de Costa Teguise.

 

La bici es como el nadar; que la mente empieza a viajar por su cuenta y así fue como empecé a imaginar cómo podría ser este inmueble que ya esculpe su pelicular columna vertebral, con diversas estructuras circulares. Mi cerebro empezó a divagar y creo no equivocarme al decir que soñaba mientras pedaleaba.        

 

Mi sueño era un viaje al futuro en el que podía ver como mis hijos, que todavía son pequeños, podrían contar con una instalación donde crecer en el conocimiento. Y así fue como, cual Martin Luther King, tuve un sueño y esta modesta instalación se convertía en una especie de El Almacén; un lugar como el que César Manrique inauguraba en 1974 en una ciudad como Arrecife que olía a pescado y que era un páramo cultural muy distante de las capitales como Las Palmas o Santa Cruz. He hablado con muchas personas que frecuentaron el centro cuando eran jóvenes y me han dicho que allí siempre había revistas y publicaciones de cine, arte, teatro y otras disciplinas que nunca nadie había accedido a ella en Lanzarote; que siempre se hacían actividades; performance, conciertos, exposiciones o actuaciones.

 

Yo veo este nuevo centro como el lugar en el que canalizar la juventud más afortunada que ha tenido Lanzarote: una localidad como Costa Teguise con una mezcla variopinta de nacionalidades y con una isla con muchas más posibilidades, sobre todo económicas, que las de Lanzarote a mediados de los setenta. Veo un lugar en el que se puede aprender folclore (como suele ser habitual en centros socioculturales o tele-clubs) pero a la vez, imagino un lugar con clases de teatro, de moda, de robótica y de rock. Y me imagino luego que todos se mezclan y se contaminan del saber y de la ilusión de aprender.

 

Me vine arriba. Y veía a esta juventud que seguro será brillante con ganas de hacer obras de teatro, de hacer grupos de música, de diseñar, de crear... Me imaginé a los chicos actuando en numerosos lugares públicos que hay en esta localidad: en el Pueblo Marinero, en el anfiteatro de Las Cucharas, en la zona del Nautical. Seguí soñando y veía a algunos jóvenes realizando cortometrajes, escribiendo obras y compartiendo. Era como volver a ver un capítulo de Fama, esa serie de mi infancia. Supongo que solo me faltaría encontrar al Profesor Shorofzky, a Dani Amatullo, a Bruno Martelli o Leroy Johnson.

 

 

En fin, que tuve un sueño.


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