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Impuesto al beneficio

Por Francisco Pomares

Publicado en El Día

 


Hace apenas dos años, el G20, grupo integrado por las naciones más influyentes del planeta en cuestiones económicas, encargó a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico un estudio sobre la conveniencia de armonizar la fiscalidad internacional, para evitar las trampas y atajos de la globalización, que han permitido que las principales multinacionales y tecnológicas del mundo burlen por sistema sus obligaciones fiscales. La OCDE ha planteado ya dos propuestas de calado para evitar situaciones de abuso: una es establecer el criterio de que la tributación de servicios no se realice en función del país donde se contrata el servicio, sino en el país donde se presta, evitando así que gigantes tecnológicos como Apple, Amazon o Facebook, logren ahorrarse decenas de miles de millones de euros por tributar en Irlanda, por ejemplo. La otra medida, igualmente destinada a evitar situaciones de dumping fiscal es la de definir un impuesto societario al beneficio con carácter internacional, que las empresas deban abonar al margen de los países en que se encuentren establecidas.

Mientras la primera de las decisiones es aplaudida por Canarias, sus empresas y autoridades, en cuanto supone evitar la competencia de otros territorios en la captación de capitales y clientes, la segunda -igualar a un mínimo el impuesto de sociedades- ha sentado mal a todo el mundo en las islas, por cuanto implicaría limitar la capacidad del REF de mantener la tributación por impuesto de sociedades de las empresas que en la Zona Especial Canaria en un mínimo del cuatro por ciento. Es el color del cristal con que se mira: lo que nos parece bueno si perjudica a otros, nos parece una afrenta si nos lo aplican a nosotros. Empresarios y Gobierno de Canarias ya han escenificado sus quejas, y recordado urbi et orbi que el REF es innegociable, una conquista que no va a ser puesta en cuestión ni por la OCDE ni por la madre superiora.

En realidad, al REF se lo ha pasado el Gobierno español sistemáticamente por el refajo, incumpliendo con la inversión media mínima en las islas, que no debería ser nunca inferior a lamedia nacional. En los años de vigencia del REF (desde 1973) sólo se ha cumplido esa ecuación un año, y no porque se subiera nuestra inversión media, sino porque la del resto de las regiones bajó estrepitosamente. En relación con la atracción de la inversión extranjera -creadora de riqueza y puestos de trabajo y todo eso- la ZEC ha sido por desgracia bastante parca en lo que a creación de empleo y riqueza se refiere. En Canarias -como en el resto de España- son las pequeñas y medianas empresas las que crean trabajo, y ellas cotizan -es un hecho- muy por encima de lo que cotizan los grandes empresas nacionales o multinacionales. La propuesta de una tributación mínima mundial se me antoja una espléndida idea. Serviría para evitar la proliferación de paraísos fiscales, y disuadiría a las tecnológicas de su deslocalización interesada. Además, la aplicación de una tributación mínima internacional al beneficio, no priva a Canarias de la posibilidad de quedar situada en la parte baja de esa tabla, y completar sus beneficios fiscales con especificidades no centradas en el impuesto de sociedades, sino en otros aspectos, como bonificaciones a la creación de empleo, a la inversión local de renta a actividades especiales, o a la conservación del territorio.

La OCDE da un primer paso para acabar con la desvergüenza tributaria de las grandes multinacionales, y nos quejamos por lo que eso pueda afectarnos? No entiendo yo en que está pensando este Gobierno tan de izquierdas nuestro.

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