Insurrección

Erica Cerdeña
“Como la angustia aísla a las personas, es imposible compartirla. A base de miedo no se crea ninguna comunidad, ningún nosotros”. Así lo afirma el filósofo Byung-Chul Han en su ensayo titulado ‘El espíritu de la esperanza’.
Creo que como individuos tenemos una serie de derechos y deberes sociales. ¿El problema? Vivimos ignorando deliberada y sistemáticamente la mayoría de esos deberes.
Sabemos que los impuestos se destinan a pensiones, sanidad pública, o limpieza de las calles … Pero lo cierto es que llegamos a sentir que “nos quitan” con ellos. Tal es la negación de nuestros deberes, por los cuales paradójicamente disfrutamos de derechos.
Es un sentir mísero, como si no tuviéramos suficiente para compartir. Pero es muy real. Es el mismo tipo de egoísmo que aplica para obrar con racismo, exclusión, o indiferencia hacia los demás, hacia sus penas y glorias.
“¿Cómo me va a preocupar el ‘otro’? Vivo buscando casa, todo son facturas, el trabajo es agotador, y mantenerme en forma ni te cuento… Merezco un viajazo que a duras penas podré pagar, pero que publicaré en redes sociales, junto a ese restaurante que está de moda. Digo más, ¿quieren que me preocupe del cambio climático o de virus y pandemias? ¿Se preguntan quiénes son los responsables de la crispación y la polarización social? ¡Son ellos!”.
Para mí también fue fácil llegar a ese señalamiento torpe y simplista, que no ofrece escapatoria. Hasta que ese bendito ensayo de Han llegó a mis manos. Pensé que sería romanticón y utópico. Me encontré con una disertación maestra de lo que es, lo que no es, para qué sirve, quiénes la amenazan, y cómo se construye la esperanza.
Dice Han que “La esperanza es el fermento de la revolución, el catalizador de lo nuevo”. No, no es sensiblería, ni tampoco optimismo barato.
Es obvio que hablar de ‘esperanza’ en este tiempo representa uno de los mayores actos de insurrección. Personalmente, ya estaba cansada de siempre lo mismo. ¿Y tú?
Feliz lectura.