Jueves, 28 May 2026
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Francisco Pomares

 

Ayer, la presidenta del Grupo Socialista en el Parlamento de Canarias, Nira Fierro, volvió a presentarse en la Cámara con una ‘camiseta con mensaje’. Lo había hecho ya dos semanas antes, durante la crisis del hantavirus, después del episodio de las ratas nadadoras, con una simpática camiseta de ratones disneyanos. Poco antes había retuiteado el memorable meme musical de los jóvenes socialistas canarios que presentaba una foto wanted de búsqueda y captura de Clavijo, acompañada por la ranchera ‘Rata de dos patas’, compuesta por el mexicano Manuel Eduardo Toscano y cantada por Paquita del Río: “Rata inmunda, / animal rastrero, / escoria de la vida, / adefesio mal hecho…” Todo un sofisticado argumentario. Ayer, doña Nira vestía otra camiseta, probablemente estampada ‘ad hoc’, para jalear al personal afecto, con la palabra canhanchán estampada en el pecho, y una precisa definición del término.  Se sentó en su escaño, frente a Clavijo, y se quitó la chaqueta, proclamando su heroicidad, como un Cid difunto a punto de entrar en Valencia. Es la política del gesto airado, gestos más inmaduros que miserables, incapaces de negar la espantosa realidad que se adueña del PSOE cada amanecer, con nuevos y delirantes episodios: otro auto judicial, un registro nuevo, el enésimo informe policial, más nombres añadidos a la lista de imputados, otra revelación sobre la forma en que el poder socialista ha utilizado el Estado, el partido y las instituciones para protegerse a sí mismo, perseguir adversarios o tratar de parar a los jueces.

 

Y, sin embargo, aparte las ‘camisitas con mensaje’ nada ocurre en este PSOE. Absolutamente nada. Ni dimisiones, ni asunción de responsabilidades, ni explicaciones convincentes. Pero tampoco espantada de los socios, o escándalo social verdadero. La nación se ha acostumbrado a vivir en una ciénaga moral donde cada tremebunda revelación dura exactamente hasta la siguiente, un día después. Es como si viviéramos bajo los efectos de una anestesia colectiva. Nos hemos convertido en un país instalado en el sobresalto, pero incapaz ya de indignarse.     La última entrega, ayer, resulta especialmente chusquera: no se trata solo de corrupción económica, ni de contratos sospechosos, ni de tráfico de influencias. Lo que describe ahora el auto del juez Santiago Pedraz es la utilización organizada de estructuras políticas y recursos del partido para interferir, desacreditar o desestabilizar investigaciones judiciales que afectan al PSOE y al entorno de Sánchez.

 

Según el magistrado, esto comenzó después de que la imputación de Begoña Gómez y aquellos cinco días de “reflexión” del hombre enamorado, y la célebre ‘Carta a la Ciudadanía’. Una crisis existencial del presidente que ahora es retratada judicialmente como el arranque de una operación política aún oscura. Tras el anuncio de que a máquina del fango (ajena, no la propia) estaba en marcha para arrasar la honorabilidad de Sánchez, su familia y el PSOE, tras importar preventivamente el término lawfare, vino una reunión en Ferraz, con instrucciones directas, movimientos de urgencia y mensajes comprometedores. Y un objetivo: proteger al poder político de las consecuencias judiciales de los casos que comenzaban a cercarle.

 

El auto describe una trama donde aparecen el colega del Peugeot, Santos Cerdán; la fontanera Leire Díez; el empresario Pérez Dolset; Gaspar Zarrías, inhabilitado a nueve años por los Ere, que fuera el hombre más poderoso del PSOE andaluz; y Ana Fuentes, gerente del PSOE, encargada de las facturas falsas para pagarle a Leire sus 4.000 euracos mensuales; y más miembros de la estructura de Ferraz,  abogados, fontaneros, imputados, secretarias… ocupados en financiar con dinero opaco de procedencia indefinida, operaciones para desacreditar jueces, fiscales y policías. El juez habla de organización criminal, de intentos de manipulación, de pagos mensuales, de ataques coordinados contra magistrados y unidades policiales. Ya no son rumores, ni filtraciones interesadas. Es otro auto judicial.

 

El PSOE se limita a señalar una conspiración que amenaza con extenderse por el mundo. El Gobierno acusa a la derecha mediática mientras los socios parlamentarios siguen tragando y haciendo caja. La maquinaria de análisis y propaganda del sanchismo –casi un millar de asesores- intenta reducir todo a una batalla política más. Vendiéndonos todos los días que el problema no son los hechos, sino quién los cuenta.

 

La fatiga ciudadana es cada vez más profunda. Hay como una saturación moral, un cansancio acumulado tras años de escándalos continuos, polarización enfermiza y propaganda constante. Quizá hemos llegado a la conclusión terrible de que nada va a cambiar.

 

O quizá sí: Doña Nira Fierro cambiará su camiseta el próximo pleno para seguir haciendo lo que sabe y más le gusta hacer: señalar la paja en el ojo de los otros, mientras la anestesia de escándalos y mentiras corroe hasta el tuétano todas sus ilusiones de juventud.


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