La factura fraccionada

Sara González
Fraccionamiento de los costes con la indicación del tiempo que circulo en cada municipio, algo que podría sacar manteniendo activa la ubicación del teléfono y sincronizándola con el coche. Creo que debería de empezar a ponerlo en práctica. Así cuando vaya al taller, el mecánico ya sabe cómo señalar la división de los costes de la factura entre nueve para luego pasársela a los ayuntamientos, cabildo. Y la novena parte sería yo.
Aunque parezca inverosímil, no lo es, pues parches, es lo único que se encuentra en las carreteras. Remiendos con los que apañar las imperfecciones de las vías que, con el paso del tiempo y de la circulación de los vehículos se forman debido al desgaste del asfalto. Material oscuro con numerosos huecos a lo largo y ancho de la calzada, o mejor dicho de varias calzadas que, al no ser las principales vías visitadas por la gran mayoría de los turistas que recorren esta geografía insular, su remiendo se ejecuta en un proceso de reparación lento y parcial. Tanto es así que, días atrás, un cono naranja señalizaba la mitad de un camino negro.
Una inesperada indicación que sorprendía a todo aquel que pasaba. Tal era la sorpresa que llegaba incluso a parar casi por completo el vehículo, ceder el paso en una vía de doble sentido, pues era la anomalía de tal magnitud que pensé: “aquí pasó algo”. Al acercarme unos centímetros en dirección al punto en cuestión que se convirtió en el origen del estupor, resultó que no era nada. No sé si me da más rabia la sorpresa por ver un cono sobre el agujero o la sorpresa porque daba por hecho que ese vacío se conviviría en parte de la calzada, al igual que lo hacen los que están a su alrededor.
A pesar de ello, el asombro llegó más allá al ver que al día siguiente, ese agujero fue parcheado y los demás no. Perplejidad incomprensible pero sí engrosada, con un extremo infinito que se hizo notable al ver unos nuevos reductores de velocidad colocados a toda prisa en una de las entradas a Arrecife, antes del Open Mall y después del Spar. Otro desconcertante acto, pues no bastó la colocación de uno o dos, sino una procesión de unos elementos negros y amarillos que, en mi opinión parecen demasiado elevados. Pues por mucho que reduzcas la velocidad y dejes al coche al límite, que no sabes si se mueve por la inclinación de la carretera o porque aún tiene algo de fuerza, de igual manera notas el salto de profundidad que se marca entre el asfalto y la cima del reductor de velocidad.
Así que hay que empezar a pasar la factura del taller, porque esas cosas también modifican la salud del vehículo.