La fuerza de la mentira (II)

Gloria Artiles
Comienza 2019 y Lanzarote continúa sin poder desplegar las amplias potencialidades que encierra. Y lo que es peor y más desesperante, sin visos de que esos pocos, que no son muchos pero sí situados en puestos clave, de la denominada clase política lanzaroteña vayan a salir del dogmatismo ideológico, del empobrecimiento intelectual y de la degradación moral en la que se encuentran. Tres aspectos que lamentablemente han sido propios de algunos de los personajes políticos de esta isla con más poder en la sombra, pero que ahora caracterizan con más evidencia que nunca a algunos de los nuevos representantes públicos.
Algunos pertenecen a partidos con fuerte arraigo y tradición insular y es fácil identificarlos pues la manifiesta inoperancia que exhiben a la hora de resolver lo público es directamente proporcional a la gran maestría que demuestran en cómo mantenerse pegados al cargo público que ocupan para resolver lo privado (su sueldo, vaya). Otros han irrumpido en el panorama local con aparentes aires de cambio y, aunque algunos han llegado de la mano de partidos regeneradores, en realidad es mentira y se han agarrado del brazo de los más cínicos y denostados “popes” de la política insular, a quienes incomprensiblemente veneran por no se sabe bien qué motivos (pues han sido los causantes del retraso insular) y de quienes toman lecciones acerca de cómo actuar bajo los parámetros de la vieja política.
No se dan cuenta de que el ególatra político, esa suerte de envanecido que permanece aislado en sus luchas de poder, que concibe la política basada en las apariencias, las intrigas y la animadversión hacia los que considera enemigos, propios y extraños, es un espécimen en extinción, entre otras cosas porque recurrir al engaño, al ataque y a la falta de respeto a la dignidad de los demás, lo que evidencia es precisamente falta de capacidad e inteligencia. Se trata una forma política atávica que empieza dar signos claros de agotamiento y no añade nada al bien común, pues el insulto no es sino una forma un poco más cultivada, sublimada por la cultura, de la agresividad instintiva que poseemos por nuestra parte de naturaleza animal que también tenemos. De manera que cuanta más sabiduría, más respeto y más bondad generemos, en más humanos nos convertimos y el mundo avanzará hacia un lugar mejor.
Una pena que no se den cuenta de ello sobre todo algunos de los que acaban de llegar. Pero la realidad es la que es y esto es lo que hay. Una política mediocre y degradada a la que nos hemos acostumbrado a fuerza de permanecer pasivos e indolentes, que ha sido “normalizada” por una isla cuyo electorado parece silbar para otro lado y que se resiste a asumir la responsabilidad que tiene en todo este tinglado. Nos debería dar vergüenza y cambiarlo. Así de claro.